El pitido del árbitro, señalando el final del primer tiempo, daba opción a unos y otros a un repaso mental de lo visto. Un breve resumen decía que todo estaba igual. Lo decía el 1-1 del marcador, en un intermedio que, a su vez, mantenía vivas las esperanzas de uno y otro equipo por ganar. Antes, el primer cuarto de hora, había sido del Celta. Con el gol en contra, el Deportivo se rebeló y con genio llevó al equipo vigués a su zona defensiva. Tras el 1-1, el Dépor se moderó porque empatar en Balaídos era un triunfo. A partir de ahí, y el equipo vigués se mostró impreciso en sus ataques, cortados por Marchena y Zé Castro con decisión.
Después varió el panorama, sobre todo cuando el Celta perdió a un hombre por expulsión. Pero no cambió el resultado porque el Deportivo pareció conformase con el reparto de puntos, quedando en el aire lo que hubiera sucedido de echarse más para delante. Un Celta resignado, consiguió no caer derrotado en casa y ante el máximo rival.