En estas vísperas no apetece hablar de fútbol, no me gusta el enfrentamiento de Riazor. Menos mal que los partidos tienen dos caras. Todos. El favorito, presumiendo de tal condición al tiempo que aprovecha para lucir a sus ases cuyas figuras aparecen en todos los medios. Eso, en lo que se refiere al presunto ganador. Al otro, al que se le da de antemano por derrotado, se le permite soñar, y sueña que su alrededor tiene una playa artificial con un oleaje suave, plácido, en donde las olas mueren reposadamente sobre la arena con los bañistas disfrutando del agua? De pronto, se despertó el entusiasta seguidor deportivista, que no era otro más que el paisano quien se había quedado dormido en el sofá, ante el televisor, a media mañana. Inmediatamente se percató de su sueño quimérico y decidió salir a su acostumbrado matinal, con parada en el bar para tomarse su café calentito. En una mesa próxima estaba La Voz, abierta por la primera página de Deportes y nuestro amigo leyó el llamativo titular: «El Dépor apuesta en blanquiazul». Siguió leyendo con atención todo lo que allí se anticipaba del Deportivo y el partido de mañana. Se le notaba complacido pues coincidía en la esperanza de conseguir un triunfo coruñés.
Como esto último a él le parecía difícil, quiso conocer la opinión del camarero, quien le reforzó en la esperanza: «Creo que a Messi lo va a dejar Vilanova en el banquillo? El entrenador cree que el jugador está cansado? jugó con Argentina y, además, el largo viaje? Si no juega Messi, y acierta Riki, le digo que hasta podemos ganar», terminó diciendo el camarero con una media sonrisa.
Hay que esperar, no queda otra.