El baloncesto español explora su techo

Estados Unidos, rival de una generación a la que solo le queda ganar el oro olímpico


redacción / la voz

El baloncesto español llegó a donde quería, a la cita que se marcó un 24 de agosto del 2008 en Pekín. Volver a una final olímpica, retar de nuevo a Estados Unidos. Pese a los altibajos, a una trayectoria errática marcada por las ausencias -Ricky Rubio-, los problemas físicos -Navarro y Marc Gasol-, la primera parte del plan se ha conseguido. Falta lo más difícil, quizá lo imposible, superar el único muro que se le resiste a una generación irrepetible: el oro olímpico. Londres acoge hoy (16.00 horas, La Primera) la final que todos querían, uno de los mejores broches para clausurar los Juegos Olímpicos.

Probablemente, ni Juan Carlos Navarro ni Pau Gasol, los abanderados de una generación que no ha dejado de subirse al podio desde que ambos se unieron en el 2001 en la selección, no tendrán otra oportunidad de conquistar la gloria olímpica. La acariciaron en Atenas, en el 2004, pero tras firmar una primera fase primorosa fueron víctimas del afortunado bombardeo de Stephon Marbury, en el único signo de grandeza de un equipo que se tuvo que conformar con el bronce. En Pekín, en el 2006, pusieron contras cuerdas a las huestes de Kobe Bryant en una bellísima y emotiva contienda que dejó para siempre la duda de lo que podría haber sucedido con un criterio arbitral más justo.

Esta tarde el reto es aún mayor, porque enfrente no estará el dream team, pero sí una versión nada despreciable del mejor equipo que ha pisado nunca una cancha de baloncesto. Una selección consciente de que si algún equipo es capaz de ponerles en serios apuros ese es el español, la España de los hermanos Gasol, de Navarro, Calderón e Ibaka, la de los revitalizados guerreros Felipe Reyes y Llull. Y será necesario emplear todo el arsenal. De nada servirá el dosificar esfuerzos. Si algo ha demostrado la selección que dirige Mike Krzyewski es su enorme voracidad cuando otea un signo de debilidad en su presa. Para sobrevivir, a España no le llegará con un último cuarto tan intenso como el que ofreció contra Francia en cuartos de final; tampoco con recuperar la identidad y el orgullo durante 20 fantásticos minutos, como contra Rusia en la semifinal. Estados Unidos exige exprimirse al máximo, y aún así quizá no sea suficiente.

Los norteamericanos han arrasado a todo rival que se la ha puesto por delante. Un grupo con un poderío físico mayúsculo para suplir la escasez de pívots -solo Tyson Chandler- y una capacidad anotadora brutal: Kobe Bryant, LeBron James y Kevin Durant, probablemente las tres grandes estrellas del firmamento NBA.

Pase lo que pase, el baloncesto español ya ha hecho historia. Solo Estados Unidos (14), la URSS (6) y Yugoslavia (5) superan a España (3) en presencias en finales olímpicas. Dos consecutivas, en un ciclo que incluye también un Mundial, dos Europeos y un subcampeonato de Europa. Probablemente, un sueño irrepetible.

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