Bolt, el rayo que no cesa

Manuel Rey
Manuel Rey LA VOZ

DEPORTES

STEFAN WERMUTH

El jamaicano suma una nueva gesta a su leyenda

10 ago 2012 . Actualizado a las 00:50 h.

Los velocistas no suelen caer muy bien. En el ritual previo a las carreras, lanzan miradas y gestos que muchas veces parecen chulescos. Pero en el fondo esos ademanes sean, probablemente, una válvula de escape ante la presión asfixiante que sufren sus músculos segundos antes de lanzarse como panteras hacia la meta. Son pólvora a punto de arder. Saben que en un instante está la gloria o el fracaso.

Hay en Usain Bolt, sin embargo, algo distinto en estos instantes que preceden a la batalla. Hay humor, hay simpatía, no hay soberbia ni palabras desafiantes. Parece (no significa que sea cierto, o quizá sí) que está jugando. De hecho, su tiempo de reacción suele ser de los más lentos, y tarda, relativamente, en colocarse en cabeza. Su cara no está tan atenazada como la de sus empequeñecidos adversarios. Sonríe y disfruta con la cámara. Sus ojos mantienen un brillo infantil. El miércoles, antes de correr las semifinales en las que se dejó ir a 60 metros del final, se sorprendió a sí mismo imitando a un robot. Tras darse cuenta de su travesura, se palmeó la cabeza como diciendo «qué diablos estoy haciendo» y se colocó en los tacos de salida.

Bolt viene de una pequeña isla donde los chavales aprenden a correr descalzos sobre la hierba y que hoy ha logrado un histórico triplete en los 200 metros. Desde allí, él y sus secuaces (Yohan Blake, que hoy ha osado discutirle el triunfo, Warren Weir, y antes Asafa Powell) han conseguido desbancar a la gran potencia de las barras y estrellas, con sus atletas colmados de centros de tecnificación y dólares. Los jamaicanos logrado que Tyson Gay gritase de rabia tras batir el récord nacional de Estados Unidos, porque sólo le bastaba para colgarse el bronce.

Bolt ha confirmado materialmente lo que todos ya le otorgaban de corazón. Es el mejor velocista de la historia. Nadie había conseguido dos oros olímpicos en 100 y 200 metros lisos. Pero el jamaicano no quedará grabado en los ojos de todos por sus efímeros y eternos momentos. Perdurará en la memoria colectiva porque no le basta con ganar. Porque en un deporte donde mejorar una décima puede costar años de sacrificio, es el único que se permite batir un récord mundial y celebrar la victoria antes de llegar a la meta, como hizo en Pekín. Él es algo más. Y hoy, otra vez, ha dejado escapar una marca estratosférica por dejarse ir.

Poco antes de la exhibición en China, un estudio afirmaba con rotundidad científica que el límite del ser humano en los 100 metros estaba en los 9,51. Poco después, rebajaron el registro de Bolt hasta un mínimo de 9,35, afirmando que se había adelantado 20 años a las previsiones de los investigadores.

Bolt ya es un relámpago eterno, un rayo que no cesa, grabado a fuego en la historia del deporte. Probablemente, aún no se ha visto su límite. Su leyenda, casi seguro que ya no los tiene.