Por encima de todo, la medalla que ha logrado Gómez Noya me satisface porque de este modo compruebo que el trabajo tiene recompensa. Saber que todo el esfuerzo de Gómez Noya y su sacrificio del tiempo libre tiene sus frutos es bueno para el deporte.
Porque el gran secreto de su rendimiento es el trabajo. Javi Gómez Noya entrena al máximo. Sin excusas. No deja margen a que le entren dudas. Pero, en realidad, el ferrolano tiene todas las cualidades para correr más que sus rivales. Muestra un altísimo nivel en los tres deportes del triatlón. Su rendimiento en cada uno de ellos es similar, lo que evita que afronte alguno de los sectores en desventaja.
Además, posee una excelente configuración genética para aguantar ritmos altos y prolongados en competición, a lo que suma una gran capacidad de recuperación. Esto hace que cuando la competición requiere ir a tope y todos lo hacen, él va un poco más relajado en el esfuerzo porque consigue ir aeróbico y controlado durante la mayor parte del recorrido.
Además de las cualidades mencionadas y el trabajo dedicado a su preparación, completa el trío de claves de su éxito la mentalidad ganadora y fortaleza anímica que posee. Él reúne todas esas características, que quizás otros competidores no poseen. Puede que haya triatletas con características físicas parecidas, pero probablemente fallen en cualquiera de las otras dos facetas.
En Londres se comprobó que la carrera iba a ser dura desde los primeros metros de la natación, con el alto ritmo impuesto por Varga. Cuando los participantes cogieron las bicicletas y se formó un grupo de cinco pensé que si ese grupo aguantaba el pulso, la carrera estaba perfilada, pero no lo lograron. Así que creo que todos decidieron encomendarse al último sector. Pero en la carrera a pie, tanto los Brownlee como Gómez Noya se pusieron todavía más agresivos.
Con ese escenario, no hay posibilidad de tiempo de reacción ni de planificación de estrategia o reserva de fuerzas. Lo único que pueden hacer es seguir tirando y ver hasta dónde pueden llegar. Al final, una merecida medalla para el gallego.