La sede del Ría de Aldán, su club de toda la vida, se quedó pequeño para seguir la prueba
08 ago 2012 . Actualizado a las 20:17 h.Cangas empujó con todo el alma. Aldán fue el epicentro. Si alguien tuvo fe en la remontada de David Cal fueron los aficionados que se dieron cita en el Club Ría de Aldán, lleno hasta los topes para seguir en directo la prueba, con los jóvenes del equipo emocionados diciendo que quieren ser David Cal y con algún pequeño pidiendo cita para subirse al kayak ya mismo.
Cuando iba rezagado se escucharon los gritos de ánimo y cuando atrapó la plata el griterío fue ensordecedor.
Pero el centro del municipio no se quedó atrás. Por arte de Cal, lo que parecía un desierto a las diez de la mañana se convirtió en un hervidero a la hora de la regata. Unos y otros confluyeron al filo del mediodía en una caravana que anunciaba en las calles de Cangas que la plata ya era un hecho y que el vecino más conocido se había convertido en el atleta más laureado de la historia del olimpismo español.
Quienes parecían estar ajenos a todos, al menos aparentemente, eran los padres de David. A lo suyo, a su trabajo en el negocio familiar. Hasta que las felicitaciones comenzaron a multiplicarse. Hasta la fecha no había ser humano que vistiese de rojo que hubiese sumado cinco medallas repartidas en tres juegos olímpicos.
Todos, los de Aldán y los de Cangas ya visualizan a su vecino en Río de Janeiro. La fiesta olímpica no ha terminado en O Morrazo.