El presidente del comité organizador llega al parque olímpico en tren
01 ago 2012 . Actualizado a las 22:24 h.Hora punta en la estación internacional de Stratford. Al salir del Javelin, el tren que conecta el centro con el parque olímpico, cientos de personas se agolpan en las escaleras mecánicas. Empieza otro día de emociones, fracasos y sorpresas. Del gentío, en pantalón de pinzas, camisa blanca y jersey azul marino, previsor con un chubasquero por si llueve, surge un rostro conocido. Camina a ritmo, como un espectador ilusionado en llegar cuanto antes al evento con el que soñó meses. Es Sebastian Coe, hoy presidente del comité organizador de los Juegos, para siempre leyenda del atletismo.
Seguro que Coe habrá aprovechado alguno de sus viajes en tren para hacerse la foto dando ejemplo por su implicación en el uso del transporte público y todo eso. Pero esta vez no hay posado. Decenas de coches oficiales llegan a esa hora al parque olímpico. Mientras, el presidente avanza como un anónimo, encara el arco de seguridad del público y se despoja de cinturón y reloj mientras charla con el personal de seguridad. Va rumbo a la piscina.
Me cuesta imaginar la escena en España. Uno descubrió los Juegos con sus éxitos en Los Ángeles 84 (oro en 1.500 y plata en 800), desgastando las cintas VHS de un evento impresionante (aquel hombre «volador» caído del cielo en la apertura con ropajes de astronauta). Así que, aunque no soy muy de fotos en plan fan (un gran atleta puede ser un perfecto imbécil), toda norma tiene sus excepciones.