Con la opción correcta siempre en la cabeza

Javier Irureta

DEPORTES

Magnífico. No se me ocurre una definición mejor para calificar el primer gol que España logró en la final. La actuación de cada uno de los protagonistas de la jugada debería permanecer en el manual del perfecto futbolista. El pase de Iniesta es pura matemática y el control de Fábregas para deshacerse de Chiellini y la forma con la centra hacia Silva son brillantes. Tampoco me quería olvidar de la definición del canario. Un remate soberbio que aprovechó la fuerza del centro del futbolista del Barcelona. Es un ejemplo ideal de en lo que se ha convertido la selección española. Un grupo de jugadores que no se arrugan ante ningún reto. Plenos de confianza saben exprimir todo el fútbol que llevan dentro. Maduran los encuentros a base de toque y paciencia, y después, cuando el rival ya está contra las cuerdas, lo castigan del modo que lo hicieron en ese primer tanto ante Italia. Me admira la capacidad que tienen de escoger siempre la opción correcta. En situaciones límite, donde es difícil ver con claridad, ellos averiguan la incógnita de la ecuación. Conocen al dedillo hacia dónde va a evolucionar la siguiente acción del partido. Y a base de tocar y tocar, de convertirse en un equipo seguro y fiable, han conseguido imponer su estilo en el mundo.

No les importa volver atrás, empezar a jugar de nuevo. Romper las reglas del contragolpe, una suerte en la que se exigía buscar un desequilibrio en número de efectivos en la defensa rival. Ellos no. Llegan, se paran y comienzan todo de nuevo, porque saben que alguno de sus compañeros aparecerá con la varita mágica para romper al contrario. Y es así. Trazan paredes hasta que la resistencia se agota y la balanza reposa sobre su lado.