Sobre la pista del Polideportivo Pisuerga se ha notado lo que se jugaba un equipo y lo que se jugaba el otro. Para los locales era un partido en el que ya podían desplegar su baloncesto sin ningún tipo de presión mientras que para el Obradoiro la necesidad de ganar era casi perentoria. Y esa es una diferencia sustancial. Unos podían manejarse con total tranquilidad mientras que los otros notaban más las exigencias que rodeaban el encuentro, en su lucha por la permanencia en la Liga Endesa.
El Valladolid, pese a que estuvo diez puntos abajo, encontró un momento en el que consiguió anotar con cierta facilidad y a partir de ahí le fue dando la vuelta al partido.
El Obradoiro pareció quizás demasiado nervioso a lo largo de todo el partido, demasiado espeso. Los cambios defensivos del conjunto pucelano, que fue alternando zona e individual, hicieron que el equipo santiagués nunca tuviera opciones claras para anotar, excepto cuando consiguió correr, que es cuando pudo abrir esa brecha de hasta diez puntos en el segundo cuarto. A partir de ahí el Obradoiro nunca logró ritmo en ataque, no fue capaz de provocar ventajas.
Lectura de la defensa
El Valladolid, si bien al principio se la atascaron bastante los cambios defensivos del rival en los bloqueos directos, a partir del segundo cuarto empezó a leerlos bien y eso le valió para encontrar bastantes situaciones cómodas cerca de canasta.
Otra de las claves es que Curtis Borchardt ha dominado cerca del aro. Siempre fue una referencia para sus compañeros.
En líneas generales, el Valladolid es el que ha llevado el ritmo de partido. Si a eso se le une que Isaac López, Robinson y Diego García han metido de fuera, al igual que Nacho Martín, que también estuvo inspirado en el tiro de larga distancia, vemos que al Obradoiro se le presentó un partido complicado.
Pero los resultados de sus rivales directos le acompañaron y de momento sigue dependiendo de sí mismo.