La vida de Miguel Martínez Méndez no se entendía hasta el mes de junio del año pasado sin el Celta Bosco. Acumulaba once años en la dirección del equipo vigués de Liga Femenina, que nunca había abandonado a excepción de una campaña en Burgos, pero finalizada la temporada pasada, recibió una oferta relámpago del Rivas, uno de los equipos más emergente del panorama baloncestístico español y decidió dar el paso. Miguel Méndez llegó a Madrid con el aval de mantener en la élite a un equipo con las apreturas económicas y obligado a reinventarse cada año como el Celta, pero además ya contaba también con un buen puñado de medallas con las secciones inferiores de la selección española, principalmente con la sub-18 y sub-20.
Ahora le toca vivir en primera persona el máximo apogeo a nivel de clubes del baloncesto español. «Es algo tremendo meter a dos equipos españoles, con dos técnicos españoles e incluso de ocho equipos, había un tercero [Hernández], lo que habla de la calidad del entrenador español, algo que para mí hay que tener en cuenta y destacar. Esto dice mucho de nuestro baloncesto, aunque no de nuestra Liga, en donde hay dos realidades».
Visión de la final
Con respecto al partido del domingo el entrenador vigués comenta que «la final está muy difícil, porque nos vamos a enfrentar a un conjunto muy poderoso y muy físico, y nosotras llegamos muy tocadas en lo físico porque jugar cuatro partidos en tres días en un equipo con tantos problemas de lesiones es una burrada, pero estamos muy ilusionadas. Queremos competir el domingo».
Llegado a este instante, no descarta que un pedazo de copa pueda viajar a Galicia.