Aunque en esto del fútbol es imposible olvidarse del resultado, si nos abstraemos de lo que nos dice el marcador, nos volvemos a encontrar con que el Barça fue superior al Madrid en el juego. Y este pequeño detalle, el juego, es algo tan serio que hay que respetarlo.
Y es que el Madrid tiene un serio problema en su entrenador, por lo menos en los enfrentamientos ante el eterno rival. Mourinho sigue empeñado en que lo que suceda en el campo sea una extensión de su ego. Lejos de dar vuelo a su extraordinario plantel de futbolistas, le corta las alas y otorga galones de capitán general a un elemento indigno de cualquier deporte: Pepe. El portugués ejemplifica la aportación de Mou al juego del Madrid: vigor, presión, defensa y atosigamiento, pero también violencia, follón y falta de escrúpulos.
En el Barça sucede lo contrario, todo se hace a mayor gloria de los futbolistas y estos responden con un enorme respeto al juego. Son magníficos, y aunque pueden perder, en el plano de las ideas siempre ganan.
Pobre Mourinho, no ha aprendido lo más importante. Si no respetas el juego, el juego te acaba aplastando.