No hay competiciones que cataloguen mejor el surf como deporte de riesgo que los campeonatos de olas grandes. Son pruebas extremas, donde la preparación tanto física como psicológica de los deportistas debe ser excepcional. Habitualmente se disputan en invierno, cuando el mar está más frío, lo cual hace que el consumo de energía aumente. Desgasta a los participantes hasta la extenuación y bajo esas condiciones, sorteando montañas de agua salada de más de cuatro metros, cualquier percance se puede pagar con la vida.
El simple impacto del oleaje sobre el cuerpo del surfista puede provocarle contusiones fuertes y hasta hacerle perder el conocimiento. Este es, sin duda, el mayor peligro, ya que lo deja sumergido bajo el agua y sin la posibilidad de luchar para emerger y recuperar el aliento. Por este motivo, estos campeonatos suelen contar con equipos de rescate que gracias a las motos de agua auxilian a los surfistas durante esos momentos comprometidos. De todos modos, estas precauciones no siempre son suficientes, pero así son las reglas de este deporte.