Los jugadores del Deportivo regresaron avergonzados de Alcorcón, pero en la primera oportunidad ante los suyos, demostraron que lo de aquel partido había sido uno de los accidentes futbolísticos de los que no está libre ningún equipo, por muy alto que resulte su nivel de juego. El Deportivo tampoco está entre los encopetados conjuntos porque, de ser así, no se vería metido en el grupo de Segunda en donde nadie le augura una estancia prolongada. Visto lo de ayer en Riazor, las encuestas colocan al equipo coruñés entre los que tienen más papeletas para su reingreso en la División de Honor. Esto, que resulta bonito decirlo porque es favorable, habrá que demostrarlo en el campo cuando se vea con rivales de más tronío que este Guadalajara que llegó a Riazor como líder y, al cuarto de hora, ya le habían bajado del autocar.
Los goles coruñeses cayeron igual que había sucedido en Alcorcón, pero al revés, hasta el punto de que al cuarto de hora era tres y al final el 4-0 nos pareció que relucía bajo el sol, en tanto que aquel otro de la localidad madrileña había dejado al equipo muy tocado, y a la familia deportivista con un semblante de preocupación, transformada ayer en confianza. Así es como deben pagarse las deudas.