Un grito de rabia en el entrenamiento por un mal golpe, un bostezo durante el sorteo que le hará iniciar hoy la semifinal de Copa Davis ante Francia, cara de desgana. Todo indica que Rafael Nadal está cansado, y no solo físicamente. «Físicamente estoy como estoy», dice lacónico después de conocer que poco más de tres días después de perder con Djokovic la final del US Open deberá saltar a la pista y medirse con Richard Gasquet.
«Estoy cansado en general, como es lógico. Estoy justito de forma. Espero que sea suficiente», desea cauteloso. Maniático del orden y del control -reproduce de memoria sus últimos duelos con Gasquet-, se le nota poco convencido. «No estoy al l00 por ciento, pero espero que pueda valer. Si juego el domingo, sería más fiable».
Albert Costa, el capitán, cuenta con él después de que se saltara el duelo de cuartos de final en julio en Estados Unidos.
Una hora antes de hablar, Nadal realizó un duro y competido entrenamiento. Cara a cara con Ferrer. Ya con 30 grados centígrados y el sol dando dentelladas en la nuca, Nadal suda el jet lag que arrastra desde Nueva York. Concentrado, serio, gorra verde hacia atrás, camiseta blanca adherida a la piel sudorosa.
«¡Qué mal! ¡Fuck!», grita. Reminiscencias neoyorquinas. Su tío y entrenador, Toni, farfulla apuntes. Nadal no responde. Costa se atreve a dar instrucciones a Ferrer, pero no al campeón de Roland Garros. Ensaya mucho su servicio, el que tanto maldijo en la final de Flushing Meadows ante Djokovic. El serbio es una presencia invisible. Le ha ganado seis finales en el año y eso, mentalmente, también pesa. Y es que en el horizonte se vislumbra una posible final con Serbia en diciembre. ¿Otro duelo con Djokovic?
Llega la pregunta sobre el recargado calendario. Sonríe, se toma su tiempo y resopla. «Estoy cansado de ser polémico», espeta con la cara que no se quitó en todo el día, esa que se dibuja cuando se está a disgusto en un sitio. «No puede ser que una competición con la historia de la Davis no cambie nada en tropecientos años y pretender que los mejores sigamos viniendo a jugar a gusto. Los contras son más que los pros», lanza el número dos mundial.
«La fuerza de la ITF (Federación Internacional de Tenis) es que juegas para defender a tu país. Me encanta hacerlo. Si no fuera por eso, no estaría aquí», dice el español, que lamenta que los jugadores fuera del top ten prefieran jugar poco después de los grand slams. «No merecen el esfuerzo que hacemos. Se están suicidando por no hacer cambios», amenaza con tono sereno, pensando las palabras, siendo de nuevo, como la pasada semana en Nueva York, la voz revolucionaria contra el establishment.
«El vestuario está cansado», dice erigiéndose en portavoz de sus compañeros de equipo y de todo el circuito. Hoy, Nadal jugará su partido 71 del año.
«No puede ser que una competición con la historia de la Davis no cambie en tropecientos años y pretender que los mejores vengamos a jugar a gusto»
«Estoy cansado, justito de forma, pero espero que sea suficiente»