El Michael Phelps que viene


Para hacer balance del Mundial de Shanghái no queda otro remedio que referirse a Ryan Lochte y Phelps. Aparte del último récord del mundo en 1.500 que se mantenía desde hacía 10 años lo más sobresaliente ha sido el duelo de los dos americanos, entre si y en lo que se refiere a medallas. A día de hoy, la figura del campeonato es Lochte. De todas formas todavía es largo el camino que debe recorrer para desbancar a Michael Phelps de su trono como mejor nadador de la historia.

Desde que en Atenas 2004 comenzara su andadura en la élite internacional, Lochte siempre ha estado a la sombra de algún gran árbol. En espalda, consiguió el oro en Beijing en el 200 pero en 100 ha estado siempre mediatizado por su compañero Peirsol. Sus primeros triunfos llegaron de la mano de los relevos e incluso en las pruebas de estilos en las que destacó a nivel de campeonatos del mundo tuvo que rendirse en los Juegos. Finalmente, su palmarés en piscina corta es espectacular, pero todos sabemos que el nivel de exigencia de estos campeonatos está por debajo de los que se realizan en piscina de 50 metros.

En Shanghái hemos visto a otro Lochte: Maduro como deportista y, sobre todo, ganador. De sus seis medallas cuatro han sido individuales, batiendo a Phelps en unas, dominando claramente otras y firmando el primer récord sin bañadores de poliuretano. No está nada mal. Sin embargo, también hay que considerar que de alguna manera esta cosecha ha sido «con permiso de Phelps». El de Baltimore ha exhibido un estado de forma al que no nos tiene acostumbrados y faltaría por ver que hubiese sucedido con el Phelps de anteriores ocasiones.

Si analizamos la hegemonía de ambos encontraremos puntos en común: los dos han conseguido excelentes resultados en pruebas que, fundamentalmente, van de los 200 a los 400 metros sin despreciar para nada sus aportaciones en las de 100 en relevos o de forma individual en mariposa (Phelps) o espalda (Lochte), el planteamiento de cada prueba y el control frecuencial a lo largo de la distancia también presentan curiosas semejanzas y los metros de nado subacuático forman parte importante de sus armas letales. Podría decirse que Phelps ha creado una corriente de comportamiento competitivo.

En cuanto al futuro, es tan incierto como emocionante. Habrá que ver hasta donde es capaz de llegar Lochte, tendremos que estar atentos a la rabieta deportiva de Phelps y poco más, porque parece improbable que a corto plazo alguien sea capaz de plantar cara a la pareja de americanos: el original y la recién nacida estrella.

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