«No esperábamos cinco Tours»

mariluz ferreiro REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

El mánager del Movistar cree que la edición del 90 fue el doctorado para la del 91

28 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«Lo mejor fue la felicidad del equipo en los Campos Elíseos. Veinte años ya. Nos vamos haciendo mayores». Eusebio Unzué (Orkoien, 1955), mánager del Movistar, recuerda aquel primer Tour de Miguel Indurain. El corredor navarro llegó de amarillo a París el 28 de julio de 1991. Hace exactamente veinte años. Unzué, director deportivo de aquel Banesto, habla de aquel triunfo y de aquel ciclismo.

El Tour del 90

Un doctorado para el 91. Muchos piensan que Indurain ya hubiera podido optar a la victoria en el Tour del 90 si no hubiera ejercido como gregario de Pedro Delgado. Unzué no lo cree así. «Eso entra dentro de la interpretación personal de cada uno. A Miguel, el Tour del 90 le sirvió para darse cuenta de que podía ganar el siguiente. Una de las razones por las que venció en el 91 es que el Tour del 90 fue su doctorado. Ahí aprendió, adquirió experiencia, se preparó para asumir el liderazgo del equipo física y mentalmente, y así poder sortear esa serie de circunstancias que se crean alrededor del líder», asegura.

El inicio de un ciclo

De Pedro Delgado a Indurain. Para Unzué, el cambio de roles entre Delgado, que pasó a ser gregario, e Indurain, convertido en jefe de filas, «fue un relevo natural». Cuenta que «entonces Pedro iniciaba su declive deportivo con suavidad y Miguel llegaba a su ciclo más importante en todos los sentidos. Esto facilitó las cosas. Nunca estuvieron a la par, sus trayectorias se cruzaron». No creía que la tiranía de Indurain fuera a prolongarse tanto. «No esperábamos cinco Tours. Porque, a la larga, el hecho de ser el mejor en el ciclismo depende también de que te respete la suerte. En 21 días hay que sortear tantos riesgos y dificultades que es muy difícil que no te ocurra nada. Miguel tuvo suerte de salvar esos obstáculos durante tanto tiempo», apunta. El peor día

La crono del 93, momento crítico. Dentro del reinado de Indurain en el Tour, Unzué rescata como el peor momento, la última crono de la edición del 93, con un recorrido de 48 kilómetros entre Bretigny sur Orge y Monthléry que se hizo eterno. «Había estado durante toda la noche anterior con 40 de fiebre. Contaba con una ventaja importante, pero teníamos el miedo en el cuerpo. Vimos que se podía ir todo al carajo. Pero Miguel tiró de las reservas justitas que tenía y su margen en la general le permitió hacer la crono regulando, con cabeza. Y lo consiguió otra vez. Para mí, ese fue el momento más tortuoso de los Tours de Miguel», admite.

El estilo

Correr sin aplastar al rival. Unzué cree que Indurain se ganó el respeto del pelotón por su forma de ser. «Fue un gran corredor y un caballero. Su grandeza estaba en su estilo, en la forma en la que ha conseguido las cosas. Miguel comía y dejaba comer. Algunos se quejaban de esta táctica, decían que era poco ambiciosa para él, pero nosotros siempre pensamos que se adaptaba perfectamente al perfil de Miguel. Ahí reside su señorío», dice.

Distintas épocas

Cuando asomaba el pinganillo. El ciclismo vivía cambios entonces. Comenzaba a utilizarse el pinganillo, un elemento cuestionado ahora por la Unión Ciclista Internacional. Unzué lo defiende. «Es imprescindible por muchas razones, al margen del socorrido argumento de la seguridad. Nos permite evitar muchas maniobras innecesarias y podemos tener acceso a los chavales, informarlos y que nos informen para lograr nuestro objetivo», indica. Explica que «el ciclismo, como cualquier cosa en la vida, ha evolucionado, no ha vivido de espaldas al progreso, a la tecnología». Pero no considera que por ello sea peor o menos espontáneo. «En este momento hay diferentes intereses, más igualdad entre equipos. En el fútbol tú puedes hacer una jugada brillante en el minuto dos, consigues un gol y ese resultado te sirve para ganar el partido. En ciclismo de poco sirve hacer una obra de arte en una etapa si no rematas al final. Peleas un premio que buscan doscientos corredores y que es para uno solo. Este es un deportes que tiene sus particularidades», explica Unzué.

El tirón del deporte

Aguanta a pesar del dopaje. Para el mánager del Movistar, el ciclismo «ha sabido salir adelante» a pesar de los episodios de dopaje. «Todo eso nos ha desacreditado, pero sigue habiendo un reconocimiento popular al esfuerzo y eso es justo», comenta. «Y, en cuanto al seguimiento, se impone la comodidad, como en tantas facetas de la vida. Hoy lo echan casi todo por la tele, con alta definición, con unos paisajes preciosos. Salvo que te interese algo en particular, no hace falta ir a las cunetas, donde ves solo veinte segundos de carrera. Aunque la cuneta sigue teniendo magia, el sabor del pelotón, el colorido. Hubo más público en otras épocas, pero aguantamos. Y las audiencias en televisión siguen siendo muy respetables, cuenta.

La sombra del campeón

¿Una losa para hombres como Olano o Valverde? No, según Unzué. «Es que yo creo que esto no es cuestión de comparaciones. Cada uno tiene su perfil y dejará su señal de identidad y su estilo. Perico, Zülle, Olano, Armstrong, Pereiro... Cada uno en su momento aprovechó las oportunidades que se le presentaron y lograron grandes triunfos. Todos los buenos corredores tienen algo especial», dice.

El futuro

Un proyecto a largo plazo. Tras 26 temporadas consecutivas como director deportivo, Unzué no tiene prisa por jubilarse. «Los que seguimos en este mundo tenemos pasión por el ciclismo. Sin pasión, el ciclismo es demasiado duro, no puedes estar un día sí y otro también lejos de casa, metido en un coche. Aún tengo pasión e ilusión por ganar y estar en las carreras. Quiero prolongar este proyecto con Movistar durante muchos años para que sigamos dentro del grupo de equipos punteros», asegura. Aunque reconoce que ha sido una temporada difícil, con la muerte de Xavi Tondo y el accidente de Mauricio Soler. «Ha sido un año duro, cruel en muchos momentos. Pero nos ha servido para unir al equipo. Las desgracias nos han motivado para conseguir grandes victorias».