Una infiltración sin secuelas

Carlos Brage

DEPORTES

01 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Para encarar las tres últimas rondas de Wimbledon, el equipo de Rafa Nadal optó por infiltrarle el pie izquierdo para tapar el dolor producido por el pinzamiento y la inflamación en los tendones peroneos. Con ese diagnóstico, se trata de un problema tendinoso. La infiltración persigue que baje la inflamación para que juegue sin problemas. No existe la certeza de que, a lo largo de un partido, bien por las necesidades mecánicas del deportista, bien por la duración del mismo, el dolor no reapareciese.

En todo caso, en esta lesión no existe peligro de que, con el esfuerzo, se produzca un daño más grave o irreversible. Debemos distinguir, en este tema, problemas articulares y tendinosos. En los primeros, si el deportista, dejándose llevar por la magnitud del evento deportivo, elige competir infiltrado -por una dolencia de cartílago o meniscal, por ejemplo-, puede estar propiciando un agravamiento severo de su lesión para siempre; en los segundos -como es el caso de Nadal-, en cuanto tenga unos días de reposo, afrontará una recuperación relativamente sencilla.