Wembley, una noche más. El templo británico que alumbró la versión europea del Dream Team, enganchada a un derechazo de Koeman. Un par de décadas después, los dos grandes del fútbol del siglo XXI eligieron también ese césped para solventar diferencias. Enormes, a tenor de lo visto ayer en un partido mutado en exhibición de un Barça ejemplar que dejó pequeño el recital de Roma. Durante 80 minutos, los de Guardiola demostraron al mundo que el fútbol es cosa suya.
Del Manchester fue el resto del duelo. Apenas el arranque. Salió Mascherano como acompañante de Piqué y los dos fueron, junto a Valdés, los primeros protagonistas del juego culé. Como hace dos años en Italia, los diablos rojos empezaron volcados sobre la portería rival buscando el fruto inmediato de una agobiante presión diluida en diez minutos.
A partir de ahí, Iniesta y Xavi se repartieron el campo y el Barça empezó a funcionar. Cada vez que un jugador culé levantaba la cabeza, tenía un cerebro a su disposición. Ferguson fue valiente y eligió a Giggs en lugar de un pivote defensivo. Las ayudas de Park y Valencia no sirvieron a Carrick para frenar la inigualable línea de creación de los de Guardiola.
Las llegadas se sumaron a las incontestables cifras de posesión y Van der Sar comprendió que la suya no iba a ser una plácida retirada. Pedro falló por centímetros y Villa probó por dos veces antes de una nueva incursión del canario. Acercamiento que solo percibió un Xavi formidable, capaz de encontrar la línea de pase entre las estatuas inglesas. El extremo engañó al meta y abrió la cuenta.
El Barça traducía en números su tremenda superioridad, pero el Manchester no percibió semejante distancia y seis minutos después Rooney hizo gol en el único tiro a puerta de los suyos. Una ocasión que salió de un robo y una pared con Giggs (en milimétrico fuera de juego).
El tanto no varió el discurso propagado por Guardiola: el monopolio del pase contagió al de las oportunidades. Solo la fortuna de unos (nunca morirá la flor de Ferguson) y el empeño de otros en entrar con la bola en la portería hizo que el marcador aguantara otro cuarto de hora en tablas. Ese tiempo tardaron los culés en percatarse de que no hay nada ilegal en el chut lejano. Lo demostraron Messi (soberbio una noche más) y Villa. Van der Sar cayó a plomo en el 2-1 y no alcanzó la escuadra en el tercero. Así resolvió el Barça: juego, trofeo y huella imborrable en la historia del fútbol.
Goles: 1-0, min 27: Pedro; 1-1, min 34: Rooney; 2-1, min 53: Messi; 3-1, min 69: Villa
Árbitro: Viktor Kassai (Hungría). Tarjetas amarillas a Alves, Carrick, Valencia y Valdés.
Incidencias: Final de la Liga de Campeones, disputada en el estadio de Wembley. Lleno. 90.000 espectadores. El Barça alcanza su cuarto título en la competición.
Valdés, Alves (Puyol, min 88), Mascherano, Piqué, Abidal, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro (Afellay, min 92), Messi y Villa (Keita, min 85)
Van der Sar, Fabio (Nani, min 68), Ferdinand, Vidic, Evra, Valencia, Carrick (Scholes, min 76), Giggs, Park, Rooney y Chicharito Hernández