La afición dio un espectáculo antes, durante y al término del choque
11 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Riazor volvió a ser o pequeno Maracaná. La parroquia hizo honor al cántico de moda («Esta hinchada / nunca se rinde») antes, durante y después del crucial duelo, que acabó con una vuelta de honor al estadio de los jugadores y el cuerpo técnico.
La ocasión era histórica y deportivistas de todas las épocas, hasta sumar miles, desfilaron hacia el municipal: así lo probaba la variedad de publicidad en las camisetas, desde las adornadas con la publicidad de Rías Altas hasta el actual Estrella Galicia, pasando por aquel efímero Dreamcast. Por no faltar, se vio hasta a un clásico del deportivismo, un hacedor de la edad dorada: Irureta, en su condición de pope de la cantera del Athletic, estuvo en el palco. A punto estuvo de coincidir con Scaloni, que quiso volar desde Roma para la ocasión pero no llegó a tiempo de coger el avión.
No pudo ver el argentino como a la salida del equipo local se desplegó en Preferencia Inferior una gran bandera blanca con una cruz azul, al tiempo que en General volaban las bufandas. El gol traicionero de Toquero no apagó Riazor. Esta hinchada nunca se calla. Con cánticos llevó a su equipo a jugar con superioridad numérica, 12 contra 11, y presionó a Mateu Lahoz, que no se dejó intimidar y dejó sin señalizar un puñado de faltas reclamadas desde la grada con la potencia de un megáfono.
El tanto de Adrián redobló las energías vocales de la parroquia, que se contestaba de General a Maratón como un coro perfectamente organizado.
Con el estómago tan lleno como el tanque de la esperanza, la hinchada clamó a la vuelta de sus héroes tras el descanso. A medida que crecía la angustia entre los jugadores, subían los decibelios en la grada, que alcanzaron su tope con el gol del Athletic... en propia meta. Bastó para ganar y para montar una fiesta en el césped cuando Mateu pitó el fin. Con aplausos y lanzamiento de camisetas agradecieron los jugadores a la afición el aliento. Y desde la grada se correspondió con un mosaico inolvidable: el formado por miles de bufandas. Los jugadores se retiraron y volvieron después a dar la vuelta de honor a los acordes de Desafío total.