Si hay algo que molesta a los tenistas y que dificulta su juego es el viento. Los extraños que hace la bola, la imposibilidad de golpearla en el punto de impacto correcto, sin estar bien colocado en la pista por las dudas que genera este elemento, hacen que los errores no forzados aparezcan con más asiduidad de lo normal. Sin embargo, ni el viento ni su dubitativo comienzo de primer set fueron capaces de amargarle el día al número uno del mundo.
Nadal se clasificó por séptimo año consecutivo para las semifinales del Masters 1.000 de Montecarlo gracias a su victoria ante Ivan Ljubicic por 6-1 y 6-3 en una hora y 19 minutos. En su próximo partido, el español se medirá al escocés Andy Murray (tras la primera semifinal, no antes de las 15 horas, Teledeporte), verdugo en cuartos del portugués Frederico Gil, por 6-2 y 6-1.
A pesar de las fuertes rachas de viento que azotaron la pista central de la capital monegasca, el balear apenas cometió cinco errores no forzados en todo el partido. Al igual que en los dos choques anteriores, el mallorquín empezó el enfrentamiento como le gusta, haciendo un break. Pese a que una doble falta inesperada puso el 1-1 en el marcador, el cinco veces campeón de Roland Garros rápidamente cogió su derecha y empezó a mandar bolas con peso al fondo de la pista del croata que propiciaron los errores de Ljubicic.
Con el número uno del mundo asentado en la pista, los puntos fueron cayendo poco a poco de su lado. Ocho juegos consecutivos del pupilo de Toni Nadal pusieron el 6-1 y 3-0 y encarrilaron el duelo a favor del tenista español.
«Había mucho viento, cambiaba de dirección todo el tiempo, pero no cometí errores»
Rafael Nadal