Abril está considerado como el mes de las incertidumbres en cuanto a saber si lloverá o lucirá el sol. Esto le convierte en un mes poco de fiar, en lo que a climatología se refiere. A su favor tiene para los paisanos, desde tiempo inmemorial, el mérito de ser tomado como la referencia para conocer si el año será generoso con las cosechas, desterrando el temor al hambre.
El actual mes de abril nació con el deportivismo cargado de dudas, por la inseguridad que viene mostrando el equipo coruñés cubriendo el último tramo de la Liga. El serio temor llevó a un sector de aficionados a prestarles ayuda anímica a los jugadores, en el corto trayecto del hotel hasta el estadio de Riazor donde, de no ganar ayer, resultaba imposible adivinar las futuras consecuencias. Cierto que se ganó, pero verdad también que el triunfo llegó porque quienes presenciaron desde los graderíos el partido, aguantaron estoicamente los 45 minutos del primer tiempo sin una protesta por el juego (?) de los hombres de Lotina.
Al contrario, los aficionados hicieron gala de gran resignación, sin duda confiando que en el segundo tiempo todo cambiaría y el Deportivo sería capaz de darle la vuelta a un adverso marcador (0-1). Y cambió, ya lo creo, pues en los primeros 4 minutos de la continuación Aouate se vio obligado a realizar dos paradas, por ninguna en toda la primera parte. El resto ya lo conocen.
Lo de Riazor no es el último capítulo de una historia que obliga a una espera para conocer el final.