La venganza de Alberto

Iván Antelo REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Partido memorable del meta del Coruxo ante el Fabril

21 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay victorias con sabor especial, sobretodo cuando son ante un equipo que te cerró las puertas hasta en dos ocasiones. El santiagués Alberto Domínguez cumplió la pasada semana 23 años y el sábado se erigió en la gran figura del Coruxo en la victoria sobre el Fabril (1-2).

El portero compostelano se formó en las categorías inferiores del Dépor, pero en A Coruña le cerraron las puertas y tuvo que buscarse las habichuelas fuera de casa. «No guardo ningún tipo de rencor, pero me fui de allí porque consideraba que no se estaba siendo justo conmigo. Tuve mala suerte y coincidí con porteros que ahora están en el fútbol profesional como Manu o Fabricio, pero consideraba que luego no era peor que los demás», apunta. «Por eso hablé con Tito y le dije que si no se apostaba por mí era mejor que me fuera», analiza la situación con la que se encontró en el año 2009.

La pasada temporada comenzó a brillar en el Compostela, «aunque sigo teniendo siete meses pendientes de cobro». Situación muy diferente a la que vive este curso en el Coruxo: «es un equipo humilde pero cobramos al día, algo muy difícil hoy en día». Con los vigueses comenzó de suplente, pero ha jugado los doce últimos partidos a un nivel que empieza a despertar la atención de alguno de los grandes del fútbol español.

Alberto Domínguez sobresalió el sábado. «Jugué contra muchos amigos. Salvo Insua, era mi defensa en el equipo juvenil (Seoane, Rochela y Raúl). Antes del partido bromeábamos y me decían que nos portáramos bien... Al final nos salieron las cosas perfectas y nos aprovechamos de sus nervios».

El portero del Coruxo fue un muro infranqueable. En la primera mitad realizó tres grandes intervenciones a Chirri, Dinís y Rochela. «De todas ellas me quedo con la segunda. Le cayó el balón, estaba solo y se la saqué con los pies. La de Chirri colaboró él un poco porque se hizo un lío y la de Rochela fue un tiro lejano que me dio tiempo a sacar la mano».

Pero Alberto es humilde y tampoco quiere alardear mucho de sus intervenciones. En la segunda mitad le sacó otra a bocajarro a Jona cuando el gol ya se cantaba en Abegondo: «esa fue para la foto», bromea.

El final de fiesta lo tuvo en el 91, cuando detuvo un penalti que salvó los tres puntos para el Coruxo. «Estaba enrabietado porque era injusto. Conozco a Dani y sabía que tenía que aguantarle hasta el final, siempre espera a que se tire el portero. Tuve suerte. Lo adiviné».