elear por Europa, alcanzar la semifinal de la Copa y no equivocarse cuando habla. El triple reto de Lotina. De los 25 jugadores de una plantilla que año tras año se descapitaliza, uno se cayó antes de empezar, ninguno de los siete refuerzos había jugado en Primera y cuatro llegaron cedidos, a tres de los pilares del grupo les traiciona con frecuencia el ADN y el futuro de otros tres, a cinco meses de acabar sus contratos, parece alejarse de Riazor. Con esos mimbres, el Dépor remontó una delicada situación y está en cuartos de final de la Copa del Rey. Aún así, el dilema más inmediato es tomarse un respiro o forzar un par de sesiones de tortura con el Barcelona. ¿La Copa o la Liga, o ambas?
La trampa es que, tome la decisión que tome, Lotina volverá a ser prisionero de sus palabras, de sus abundantes reflexiones en voz alta. Al parecer Lotina, debería haber aclarado en pretemporada que la plantilla del Dépor era una incógnita, más barata, con menos experiencia y sin Filipe Luis y Sergio. Tampoco hubiera estado de más aclarar que el objetivo era jugar mal, oponer férrea resistencia al mejor equipo del mundo y transformar la sequía goleadora del equipo con menos puntería de Primera en una abundancia sin fin.
José M. Fernández
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