Valerón calló a la «mareona»

Pedro José Barreiros Pereira
P. Barreiros A CORUÑA/LA VOZ.

DEPORTES

El canario puso la magia sobre el césped frente a la ruidosa afición del Sporting

19 dic 2010 . Actualizado a las 03:43 h.

El nuevo derbi del noroeste disfrutó ayer de su versión más lúdica. Como mandan los cánones, por la mañana comida y bebida en la calle Barrera; por la tarde, partido en Riazor. Unos cuatro mil seguidores del Sporting tiñeron de rojiblanco A Coruña en una jornada espléndida de sol. Si en el cielo mandaba el azul, en la grada lo hacía el ruidoso rojiblanco hasta que el balón comenzó a rodar. Cuando las primeras banderas blanquiazules aparecieron en el fondo de maratón, hacía ya un buen rato que los visitantes teñían de rojiblanco Riazor. «¡Que bote el Molinón!», rugían crecidos.

Quizá por eso la música atronó como nunca por la megafonía del estadio coruñés en los prolegómenos. Solo el inicio del choque supuso el comienzo del fin para los ánimos sportinguistas, que dejaron paso a la magia de Valerón. La fiesta ahuyentó los nubarrones de incidentes que ensuciaron el partido de la temporada pasada. El ágape se trasladó sin solución de continuidad al estadio como si todo, comida, paseo hasta el campo y fútbol, estuviese indisolublemente unido. Fue la fiesta del fútbol y de la vida.

Aplauso unánime

Y si se habla de juego, el Dépor situó sobre el césped todo lo que tenía. Valerón protagonizó la primera media hora en El Molinón coruñés. El gol de Aythami y un puñado de ocasiones marca de la casa del canario terminaron por silenciar a la afición visitante, que asistió como espectador de excepción a la clase magistral de pases imposibles ofrecida por el deportivista. Incluso no le dolieron prendas en aplaudirlo cuando fue sustituido en la segunda parte. Fue lo único en que Riazor funcionó al unísono.

El gol a última hora de Diego Castro la levantó de su postración. Solo el capitán gallego del Sporting, que celebró el gol abrazado a Preciado y al final del partido reunió uno por uno a sus compañeros para acercarse a aplaudir a la mareona , hizo rugir por última vez a sus seguidores. La afición rojiblanca acabó el partido cantando el Asturias, patria querida . Podrían acabar por cambiarlo por A Coruña, patria querida, allí donde el Sporting no pierde desde que regresó a Primera División.