Messi no marca, pero golea a Cristiano

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

El argentino brilló y firmó dos pases de gol, y el portugués acabó desapareciendo del terreno de juego

30 nov 2010 . Actualizado a las 10:34 h.

Fue uno de los mejores músicos de la sinfonía azulgrana. Leo Messi demostró que le tiene el pulso al clásico, que encuentra en estos encuentros un escenario digno de su fútbol. Ayer no marcó, pero goleó en ese duelo particular que mantiene con Cristiano Ronaldo.

A Messi solo le faltó el gol. Y a Cristiano le sigue faltando cuando juega frente al Barça. Ambos siguen arrastrando sus particulares maldiciones. El sudamericano no encuentra la portería de Mourinho y el luso se pierde ante la meta azulgrana. Pero Messi firmó dos asistencias, un puñado de pases sublimes y regates imposibles que escocieron en las heridas merengues. Incluso estuvo a punto de abrir el marcador. No apareció en los primeros minutos, pero se despertó picando un balón por encima de Casillas que acabó estrellándose contra el larguero. Se detuvo en seco y lanzó el balón como lo había hecho el mejor Ronaldinho para marcar aquel memorable gol en el área del Chelsea. Hubiera sido otro tanto excelso. Pero la madera no entiende de fútbol.

Dos pases a Villa

La Pulga, que por momentos parecía disfrutar del don de la ubicuidad, jugueteando aquí y allá, martirizó a Pepe y a Marcelo, aunque el portugués le ganó un cara a cara en el área cuando el argentino avanzaba hacia el gol y el Madrid todavía no se había rendido a la evidencia de un contrincante infinitamente superior. Pero, a pesar de sus destellos, Messi no participó en los dos primeros tantos blaugranas. Tuvo que esperar a la segunda parte para explotar. La estrella culé inició este período recreándose, pero pecando de egoísmo al negarle un pase claro a Villa. Pero resarció al asturiano al otorgarle dos asistencias de gol que situaron el 4-0 en el marcador del Camp Nou. Y, después, continuó con su festival, ayudando a desmadejar a un contrincante muerto, sin espíritu.

Cristiano Ronaldo, objeto de las iras de la grada azulgrana, asomó tímidamente en el período inicial. En su primera bicicleta no demarró. No pudo con Carles Puyol. Y cuando se cambió a la izquierda, Puyol lo siguió en ese baile. Sin ser la punta de lanza de otras ocasiones, lanzó una falta y ejecutó un disparo lejano sin gran convicción. Aunque su mejor ocasión fue una internada en el área que finalizó con un posible penalti de Valdés.

En el segundo tiempo fue, como sus compañeros, un simple testigo del juego del Barça. Imposible salir vivo del Titanic que fue el Madrid en la segunda parte. Pero tampoco fue el mejor de entre los blancos. En la primera parte, cuando los visitantes plantearon una mínima alternativa a su rival, el que más propuso fue Di María. Cristiano ni siquiera protagonizó uno de esos chispazos habituales que lo encuadran dentro de los aspirantes al trono del fútbol mundial.

Empate en polémicas

Las dos estrellas sí empataron en polémica. Ambos jugadores pusieron su pizca de pimienta al encuentro. Cristiano empujó a Guardiola porque el técnico no le entregaba el balón para un saque de banda. Se formó un tumulto. El astro vio la tarjeta amarilla por su atrevimiento y por alborotar al gallinero del Camp Nou. Más pitos, más abucheos. Por su parte, Messi exageró el golpe que le propinó Carvalho. El toque teatral de tirarse al suelo fue premiado con una cartulina y seguramente alimentará las quejas de Mourinho, que ya lo había descubierto como actor.

Messi o Cristiano. Cristiano o Messi. El eterno dilema. Que continuará en los debates. Pero que ayer no fue tal.