El Barça, con el piloto automático

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

Venció al Copenhague tras una salida en tromba, pero le costó cerrar el partido y acabó mostrando cansancio

21 oct 2010 . Actualizado a las 10:52 h.

Con permiso del campeón Inter, Europa también corre el peligro de convertirse en un pulso entre el Real Madrid y el Barcelona. Si los blancos castigaban al Milan el martes, un día después los de Guardiola, en su línea, jugaron contra el Copenhague un partido que comenzó de exhibición y terminó justo de fuerzas.

En el Camp Nou, parece que el saque inicial se realiza en el punto de penalti. De pronto, el Barcelona ya está instalado a pocos metros del guardameta rival. La cuestión es saber, después, cuánto tardará en ponerse por delante en el marcador. Ayer fue poco más de un cuarto de hora. Lo que tardó Messi en dar por terminado el calentamiento y cocinarse su propio gol. Fue desde la frontal, tras recibir de Iniesta, procedente de la banda derecha, acomodarse e imprimir la curva necesaria para que Wiland se estirase solo para la foto.

El gol fue un paréntesis festivo en un monólogo del Barcelona desde el minuto cuatro, cuando Messi arrastró a otros tantos defensas para que Villa caracolease en el área y la enviase al larguero. Wiland fue el protagonista en todas las variaciones sobre el tema inicial, que fueron muchas.

El partido transcurría con el Barcelona como dueño absoluto de un partido que de milagro no conseguía zanjar con goleada ante un Copenhague muy ordenado en defensa. Aunque el equipo danés no se mostraba conservador como anteriores rivales, el empuje culé lo incrustaba en su propio campo, del que solo lograba salir a contragolpes, ya que las transiciones de ataque morían en el círculo central.

En una de las contras, Santín cometió el pecado más grave del partido, al detenerse sin razón aparente en plena carrera hacia Valdés con la defensa azulgrana superada y un compañero flanqueándole y concediéndole superioridad numérica. Un regalo sin parangón.

El rival toma aire

Sin muchas esperanzas de futuro regresó el equipo danés de los vestuarios tras el descanso, y se le notaba. El empate no llegaría nunca. El Barça practicaba fútbol de repetición, sin grietas. Pero como al cabo del cuarto de hora no había logrado la puntilla, el Copenhague dio un paso al frente, sin necesidad de pelotazos, y probó fortuna. Si no le salía bien era solo por su falta de calidad, porque el Barcelona, físicamente, se resumía en Mascherano.

Entonces, Puyol cedió ante N'Doye, que envió a la cruceta y en el rechace, Santín volvió a perdonar cabeceando a las manos de Valdés cuando tenía toda la portería para él. Lo mismo hizo Villa minutos después a centro de Maxwell. Fue lo último que hizo el Guaje.

El refresco de Guardiola fue defensivo, pues el Copenhague iba arrebatándole territorio y las ocasiones visitantes se sucedían. La clave estaba en el mediocampo. Y desde allí lo intentó Kvist. La respuesta: Alves lanzó al palo dos jugadas más tarde. El Barça acabó con el gol de Messi en su momento más agónico, a pocos segundos del final.