Nunca llovió que no escampara

DEPORTES

Cuando llegué a la tertulia del café, viendo las caras de los habituales en la mañana de los lunes, se me ocurrió decir en voz alta a guisa de saludo: «¡Venga amigos, que nunca llovió que no escampara...!». Los cuatro que allí estaban me miraron como si yo fuera un extraño, y solo el paisano habló, muy serio, replicando en un tono que no me gustó: «Encima, vienes con guasa». No necesitó tampoco hacer la mínima aclaración ni disculpa, pues todos sabían que el saludo había sido con la clara intención de romper aquel aire tristón que se respiraba. Y el grupo entró en conversación, con un solo tema: Cómo será el futuro y si el Deportivo levantará cabeza... En torno a esa incógnita se habló mucho, demasiado, y yo opté por oír y callar. Entonces, nuestro amigo, que se había percatado de mi silencio, intentó pincharme y, al ver que no me daba por aludido, lo intentó de nuevo, en tono arisco: «A ver, di tú algo... ¿Cómo lo ves?».

Entonces, les dije algo que me pareció lo más sensato y oportuno en aquel momento: «Hay que esperar, es pronto para que cunda el desaliento. Esto se arregla ganando en Anoeta. Repito que nunca llovió que no escampara».

Ninguno rechistó. Ni tampoco el paisano, que se levantó y dio por concluida la tertulia.