Disfrutamos de una Ryder Cup espectacular, decidida en el último partido y con un ambientazo. Confiaba en que Europa no le diera tanta emoción, pero hay que reconocer que los norteamericanos jugaron muy bien. Apareció el mejor Tiger, porque fue tremendo verle hacer nueve golpes bajo par en quince hoyos.
Montgomerie atinó en casi todas sus decisiones. Acertó con las invitaciones, salvo la baza de Harrington, al que seguramente convocó más por su palmarés de tres majors y su historia en la Ryder que por su momento de forma. Y estuvo muy bien al dejar para el último partido, pensando en que podía ser decisivo, a Graeme McDowell. El norirlandés, vigente ganador del US Open, demostró bajo presión que rinde y tiene corazón y garra. Enfrente, quedó al descubierto que Mahan, por sus golpes finales, no está preparador para afrontar un acontecimiento como este.
En la última jornada vimos de nuevo a un Miguel Ángel Jiménez fantástico en un duelo muy seria, sin dar ninguna oportunidad a Bubba Watson. Consiguió un punto importantísimo. Como Poulter, muy bueno en match play y en las grandes ocasiones, o Donald, que mantuvo toda la semana el mismo ritmo.
El triunfo reactiva aún más la Ryder en Europa. De paso, consolida las bazas de la candidatura de Madrid como sede de la edición del 2018. En el 2014 se jugará en Gleneagles, en Escocia, por lo que la opción española, con la que se ofrecen más garantías de que el tiempo acompañe, sale fortalecida tras los problemas de Gales.