La injusta expulsión de Amorebieta decidió un choque en el que Athletic solo existió en el tramo final
26 sep 2010 . Actualizado a las 02:41 h.Y con el 12, Mateu Lahoz. A este ritmo, la megafonía de los estadios acabará anunciando el nombre del árbitro encorsetado en las alineaciones. Es probable, también, que los jugadores que se enfrenten al Real Madrid y al Barça deban dejar un espacio de cortesía para que el rival se mueva sin piernas que lo estorben. Ayer había un partido de fútbol con muy buena pinta en San Mamés y el colegiado decidió cargárselo a la media hora con la misma coartada esgrimida por Clos Gómez el martes en el Bernabéu: la presunta necesidad de protección especial para los futbolistas más técnicos. Hace unos días, Galán se fue a la calle por intentar robarle el balón con exceso de ímpetu a Cristiano Ronaldo. Amorebieta tomó el mismo camino en la Catedral por una entrada a Iniesta, de cara y rozando apenas la pierna del rival.
El central midió horrible después de perder la bola, pero el Barça siguió con su once inicial sobre el pasto y el Athletic se quedó con diez para enfrentarse a lo que ya en igualdad de número había sido un vendaval culé. Entre Iniesta, el protegido de Lahoz, y Xavi provocaron continuos mareos entre los leones, con pases fugaces en un césped encerado por la lluvia. Primero fue el 6 el que se la puso a Keita, que no acertó a superar a Iraizoz tras deshacerse perfectamente de Amorebieta. Instantes más tarde, el fenómeno de La Mancha metió un espectacular pase medido al pie de Villa que, solo ante el portero, mandó la bola al palo.
Llorente, aislado en punta
El arquero de los de casa también estuvo perfecto en un disparo de media distancia de Pedro. Mientras, sus compañeros se remitían al generoso despliegue de Llorente, desterrado en punta, y a las jugadas a balón parado, ante las que el Barça parece un flan. Por la vía de la estrategia la tuvo Igor (su chut rebotó en un rival) y por ese mismo camino encontró San José la madera del marco de Valdés.
Este segundo intento llegó ya en la segunda parte, con el Athletic ya descaradamente acantonado al amparo de su inferioridad. Puso parches a sus rotos Caparros en la caseta (un central en lugar de su segundo punta) y Guardiola aprovechó para retirar su apuesta: Adriano no había mejorado en absoluto a Maxwell en el lateral zurdo.
Ya bajo los incesantes silbidos de una indignada Catedral, el Barça se entregó al paciente ejercicio de buscar grietas y encontró la primera en una jugada de billar. Iniesta metió para Villa que prolongó de inmediato hacia la internada de Keita. El marfileño aprobó la reválida y en la segunda ocasión clara de la que dispuso atinó con la red.
Llegado el tanto, hasta Caparros firmó la rendición retirando a Llorente. Sus chicos se encomendaron a Iraizoz y no volvieron a dejarse ver por campo contrario. Ayudó a contener la goleada el desacierto de Villa, que sigue extraviado y falló un saco de oportunidades. También Iniesta remató al palo, antes de que Xavi sumara el segundo con la ayuda de la espalda de un rival.
El Guaje redondeó su mala noche propinando un manotazo a Gurpegui que le valió la expulsión. La acción dio vida a los de casa, que recortaron distancias rozando el descuento y arrinconaron al Barça. El tanto de Gabilondo encendió la Catedral en un vibrante final hasta que Busquets provocó el apagón.