Decía Ramón de Llano, un histórico secretario que consiguió que el Deportivo pudiera superar los momentos difíciles por los que pasó el club coruñés antes, durante y también después de la Guerra Civil, que «de los partidos que se tuercen no se debe emitir un juicio en caliente...». Desde que se escuchó el pitido final del Deportivo-Getafe (2-2) se conocieron diversas opiniones sin llegar a un análisis objetivo (?) sobre el desarrollo y resultado final. Eso de objetivo es un decir, porque lo cierto es que las opiniones fueron extremadamente distantes.
Ayer, pasadas las horas, se notaba calmado el ambiente deportivista, que llegó a ser preocupante en la víspera, a lo largo del primer tiempo, pasando a ilusionante en el segundo, sobre todo con la exhibición de puntería que ofreció Guardado lanzando tres penaltis (que fueron dos). A partir de ahí todo pareció posible para un Deportivo que pudo ganar de no ser porque, a la hora de la verdad, quedó patente la ineficacia de los llamados «goleadores coruñeses».
Al final, un reparto de puntos acogido con satisfacción por la hinchada. Los empates valen para no perder, pero ganar es lo que de verdad importa.