El líder del Xacobeo debió notar el aliento de los vecinos y amigos congregados en el pabellón que lleva su nombre. A falta del premio gordo, celebraron la etapa
19 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El epicentro de Teo, municipio limítrofe con Santiago, estaba ayer en la localidad de A Ramallosa, en el recinto deportivo que luce con orgullo el nombre de uno de sus vecinos más ilustres, el de Ezequiel Mosquera. Allí instaló el concello una pantalla gigante y allí se dieron cita familiares y amigos del ciclista, incluidos sus padres, José Luis y Hortensia, discretos y expectantes en segunda fila.
Sobre las 16.45 horas, cuando faltaban doce kilómetros para la meta, asomaron los primeros aplausos, poco después de que llegasen al pabellón algunos aficionados con camisetas en las que lucía la leyenda: «Imos indo, imos vendo. Dálle Ezequiel».
Suben los decibelios
Los decibelios fueron subiendo en frecuencia e intensidad, sobre todo en cuanto el ídolo tanteó a su gran rival, Nibali, con un par de escaramuzas a las que respondió el italiano.
Se acaba el asfalto, llega el cemento y el de Teo suelta un latigazo que amenaza con descolgar al líder. Ezequiel aprieta, Nibali riñonea , la hinchada bracea y se enardece. A 2,2 kilómetros la diferencia alcanza los diecisiete segundos y atronan los gritos de «¡Eze, Eze!». Incluso el padre, hasta entonces impasible, hace un gesto convencido de que es el momento de reventar la carrera. La afición sueña con cada pedalada de su ídolo en busca de la gloria, camino de la Bola del Mundo.
Pero Nibali se recupera, no deja de asomar su aliento y, a falta de un kilómetro para la meta, los comentarios del público lo dicen todo: «Pero para ya, cabrón», con un tono que suena más a admiración por el comportamiento del rival que a exabrupto. En cambio, el «vamos campeón» dirigido a Ezequiel Mosquera ya empieza a denotar resignación. Y más cuando el italiano da caza al gallego. Al menos, el del Xacobeo consiguió su primer triunfo en una etapa de la Vuelta a España, una etapa que se recordará siempre por su valentía en el ataque y por el admirable duelo que protagonizó junto al emergente Nibali.
Hortensia, minutos después de terminar la carrera, reconocía que siempre había visto el desafío de su hijo como un reto muy complicado: «Era moi difícil. Ademais, o outro ía moi forte. Ezequiel fixo todo o que puido». No fue el final anhelado, pero celebró igual de orgullosa el triunfo parcial y el descanso que se avecina. «Estamos un pouco agobiados», reconocía.
A su esposo, José Luis, se le veía más ducho en el discurso ciclista. Confirmó que hoy esperan estar junto a Ezequiel en Madrid. Y celebraba la medalla de plata como un éxito de tronío: «Fíxoo moi ben. Nunca pensei que puidera acabar segundo. Tuvo a sorte de non caer, como lle aconteceu o ano pasado. E lévase a etapa raíña. Cando acabou, se non lle botan a man cae. Sempre se vacían. Ás veces, nin ven».
Mosquera empezó con un quinto puesto en su estreno en la Vuelta. Después logró un cuarto, otro quinto y, ahora el segundo. Falta una guinda que su progenitor ve como un objetivo muy complicado porque «gañar unha grande é moi difícil. Hai xente moi boa».
Enrique, amigo de Ezequiel, vivió la etapa con pasión y contagió sus ganas a la concurrencia. Lo vio cerca: «Faltó muy poco. Si le llega a sacar más de veinte segundos... Nibali reguló muy bien y nunca perdió contacto visual. El italiano es ya un gran corredor, con solo 25 años. Va a ser el gran rival de Contador». También valoró el rendimiento de su paisano y el trabajo del equipo: «Sin el Xacobeo y el Euskaltel sería una Vuelta muy aburrida».