Mientras en McLaren contienen a los dos campeones ingleses y en Ferrari podrían iniciarse las hostilidades, Red Bull ya ha apagado varios incendios entre sus pilotos
26 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Las crisis internas que sufren las escuderías se fundamentan en una paradoja que encierra la propia fórmula 1: es un deporte de equipo en el que se compite de forma individual. Los compañeros comparten horas de reuniones, se intercambian información de entrenamientos, coinciden en decenas de compromisos publicitarios pero, una vez en carrera, la amistad se esfuma y el compañero se convierte en el primer rival. Porque es el único que muestra públicamente los límites a los que puede llegar el monoplaza que comparten.
Aunque solo fuera con la seriedad de su rostro, Felipe Massa abrió ayer una fisura en el seno de Ferrari que, si de algo presumía, era de unión en la escudería. El brasileño, que estuvo a punto de ser campeón del mundo en el 2008, ha tenido que asumir un papel secundario con buena parte de sus compañeros desde su llegada a Ferrari. Primero aceptó sin rechistar su rol ante un Michael Schumacher que encaraba la recta final de su trayectoria. Posteriormente intentó hacerse fuerte ante la llegada de Raikkonen, pero tuvo que ceder la victoria en el 2007 en la última carrera del año en el escenario donde más ilusión le hacía ganar, Interlagos. Con Fernando Alonso asume de nuevo un papel de apoyo, cada vez más acentuado, por la diferencia actual de puntos con el asturiano.
Mientras en McLaren intentan contener el duelo de campeones entre Hamilton y Button, en Red Bull se han encontrado este año con la tensión que ha generado un vehículo tan competitivo. Mark Webber, uno de los más veteranos en el paddock de la fórmula 1, ha descubierto que puede despedirse de las cuatro ruedas como campeón del mundo ya que, por primera vez, cuenta con un monoplaza para ello. Pero Vettel, con más de una década por delante para proclamarse campeón, es la principal apuesta de la escudería. La explosión interna de este cóctel ya se ha hecho visible en dos ocasiones. La última sucedió en el penúltimo gran premio celebrado en Silverstone. Allí, Webber protestó porque le quitaran el nuevo alerón después de que Vettel estropeara el suyo. Un día más tarde y, con la victoria del australiano, éste lanzó un mensaje envenenado con ironía: «No está mal para ser el segundo piloto». En un momento en el que el equipo debe afinar su rendimiento para competir en las carreras clave contra McLaren y un Ferrari renacido, Chris Horner ha tenido que dedicar parte de su tiempo a calmar los ánimos de los pilotos para evitar episodios como el de Turquía, donde los compañeros colisionaron cuando iban camino del doblete. La crisis interna quedó entonces patente con una imagen: Vettel barrenándose la sien con un dedo para llamar loco a Webber.
Pero en la historia moderna de la fórmula 1, la madre de todas las peleas entre compañeros fue la protagonizada por Fernando Alonso y Lewis Hamilton. De especial gravedad fue lo ocurrido en el Gran Premio de Hungría del 2007, cuando el español se paró más tiempo del estimado en el último repostaje de la crono evitando así una última vuelta del inglés. La FIA se filtró en la escudería para sancionar a Alonso con cinco puestos en la parrilla. A diferencia de Massa, Hamilton exhibía su malestar no solo con gestos sino también con palabras. En Mónaco llegó a decir ante la prensa que McLaren había favorecido a Alonso. El tiempo dejaría aquella frase en la categoría de chiste.