Con la tranquilidad del número uno asegurado hasta fin de año, y con el US Open como gran objetivo en el horizonte, Nadal puede engrandecer su palmarés con un segundo Wimbledon, el torneo de sus sueños de niño. Como último obstáculo tiene a un rival peligroso y en el mejor momento de su carrera. Semifinalista en Roland Garros y finalista en Londres (con el mérito de eliminar a Federer y a Djokovic), Berdych ha conseguido, con un juego totalmente agresivo, repartir títulos y finales en todas las superficies. Es el reflejo de un tenis completo, en el que destaca un gran servicio y un arsenal de golpes planos de ataque desde cualquier lugar. Fue de los primeros en demostrar cómo se podía ganar a Nadal en pista dura atacándole los restos y manteniendo un alto porcentaje de primeros servicios.
Evolución
Lo malo para Berdych es que Nadal ha pulido aquellas carencias: no es un sacador, pero su acierto de primeros servicios es alto, ha mejorado la velocidad de su segundo, y con la colocación adecuada y el efecto cortado (tan efectivo en hierba) no es fácil llevarle la iniciativa. También ha evolucionado la profundidad y potencia de sus restos, con lo que sus rivales saben que si no meten primeros saques con regularidad se arriesgan a perder la iniciativa. Berdych tiene golpes de fondo demoledores, pero no menos agresivos fueron los de Murray, Soderling, Petzschner y Haase, y no superaron al mallorquín.
Nadal llegó a Londres pletórico de forma y de moral. Superó a varios especialistas y mejoró cada día. El checo también está en un momento dulce. Tenía tenis para estar entre los mejores, pero le faltaba convencimiento. El cambio de entrenador le dio la confianza para ganar a los mejores en un gran torneo. Lo malo para él es que se enfrenta al mejor en uno de los mejores momentos de su carrera. Puede ganar si saca extraordinariamente bien, resta con agresividad y mantiene la iniciativa. Debería de hacerlo durante mucho tiempo, porque si decae, a la mínima, se verá superado sin remisión. ¿Mi favorito? Nadal.