El kamikaze Landis

Antonio Alix

DEPORTES

Provocar el máximo daño sin importarle morir en el intento, esto parece que es lo que ha hecho con sus acusaciones este personaje. Creció en una comunidad menonita de la que huyó. Se dedicó a correr en bici de montaña; calidad tenía y un ciclista de carretera, David Witt, al que había conocido en entrenamientos, le recomendó probar en el asfalto. Además le presentó a su hijastra y acabaron casándose. El pelirrojo llegó al pelotón profesional, pasó de equipos modestos a los más importantes y acabó ganando el Tour del 2006, realizando en la etapa de Morzine una exhibición para la historia.

Pero llevaba el motor trucado; como lo llevarían otros, pero a él lo pillaron. Lo negó, se inventó todo tipo de excusas, recaudó dinero entre sus ilusos fans para pagar a los abogados, juró en juicio que era inocente. Pero tuvo que cumplir la sanción y se borró su nombre del palmarés del Tour. Desgraciadamente, perdió más cosas: se divorció de Amber y su suegro se suicidó de un disparo, víctima de una depresión motivada por todo lo acontecido. Volvió a competir, pero no en los equipos y carreras que él pretendía. Su ansia lo llevó a chantajear a su ex compañero Lance Armstrong, algo a lo que el corredor tejano no hizo caso.

Que es un desequilibrado nadie lo duda, ¿pero son ciertas sus acusaciones? Es innegable que esas prácticas dopantes se han dado en el ciclismo y en otros deportes; y que las conoce en carne propia. Pero con sus antecedentes y sin poder aportar pruebas me parece que poco caso se le va a hacer, aunque en los Estados Unidos se monte una comisión investigadora. Armstrong es una figura mundial por encima del ciclismo y su imperio no se va a resquebrajar. En cambio el ya de por sí maltrecho ciclismo recibe otro torpedo en la línea de flotación. Si con la crisis encontrar patrocino para eventos o deportistas es tarea de chinos en este país, la gente del ciclismo que llama a puertas en busca de fondos se encuentra con el agravante de que ningún inversor quiere ver su marca ligada a escándalos. Que a la vista está pueden estallar en cualquier momento, basta con rascar en el pasado para que broten como el petróleo del desierto. Qué mal se hicieron las cosas en su momento cuando no se limpió desde dentro y se comenzó de cero; se siguió barriendo hacia debajo de la alfombra, hasta que la basura rebosa y nos salpica a todos. ¿Cuántos lectores se acuerdan de que hubo una Volta a Galicia profesional? Mientras no se dé un giro de 180 grados no solo no resurgirán carreras y equipos, sino que seguirán desapareciendo los que aguantan.