Trabajos de Hércules para un gregario

Arroyo defenderá la «maglia» rosa del Giro en una última semana infernal que arranca con la cronoescalada de hoy y que incluye dos etapas de alta montaña y la crono final


redacción/la voz.

A Hércules le encomendaron doce trabajos. A David Arroyo (Talavera de la Reina, 1980) le quedan un puñado. Una cronoescalada, dos etapas de alta montaña, y una crono final. La defensa de la maglia rosa del Giro cobrará una dimensión épica en una última semana infernal Y más cuando el líder es un escalador, pero acostumbrado a ejercer de gregario, a labrar en la montaña glorias ajenas, como buen hijo de agricultor.

Arroyo seguro que mira con curiosidad la caravana publicitaria del Giro que protagoniza. Porque hasta los veinte años trabajó haciendo rótulos para comercios y vehículos. Su primer equipo como aficionado fue gallego: el Aguas de Mondariz. Después pasó por el Saunier. Y estrenó maillot profesional con el Once. Pero tuvo que emigrar a Portugal para no renunciar al pelotón. Fue segundo en la ronda lusa y su actual equipo, el Caisse d'Epargne, posibilitó su regreso a España.

Ahora vive una especie de revisión del sueño de Óscar Pereiro en el Tour del 2006. Un corredor sólido, pero sin galones de jefe de filas, al que la retirada de un compañero y una escapada poco común otorga el liderato en una grande. El talaverano ya sabía lo que era alcanzar el top ten de la general de la ronda italiana. Y llegaba a la carrera compartiendo cabeza de cartel en el Caisse d'Epargne con Marzio Bruseghin. Pero el italiano abandonó tras sufrir dos duras caídas en la primera semana de competición. Arroyo, ya como baza única del equipo de Eusebio Unzué, formó parte de la escapada multitudinaria de L'Aquila que alejó a Alexánder Vinokourov, Cadel Evans e Ivan Basso, y salió catapultado hacia la segunda posición de la general. En el monte Grappa heredó el liderato del australiano Richie Porte.

Después resistió en la pared del Zoncolan cuando ya no quedó ninguna rueda amiga que seguir. Aguantó lo suficiente para mantenerse al frente de la clasificación. Pero el Giro extiende sus muros hasta su último tramo. Tras el traicionero paréntesis de la jornada de descanso, el tortuoso camino que debe seguir Arroyo continúa hoy con la cronoescalada de Plan de Corones, de 12,9 kilómetros, donde regresa la carretera blanca, ya que los últimos kilómetros están sin asfaltar. La ronda italiana solo había probado una vez este terreno, con los corredores clavados en las rampas más duras, que alcanzan un 24% de desnivel. Fue en el 2008. Entonces logró el triunfo Franco Pellizotti. No podrá repetirlo este año. El corredor del Liquigas no pudo disputar la carrera esta año debido a problemas con su pasaporte biológico.

Mañana volverán a asomar las rampas con una etapa con ascensión al Passo delle Palade y llegada en alto, en Pejo Terme. El miércoles, el pelotón afrontará un perfil llano. Pero el jueves la general se topará de frente con los muros de Trivigno, Mortirolo y Aprica, meta y escenario del último triunfo de Basso. Al día siguiente, los corredores tendrán que derribar nuevas paredes: Forcola di Livigno, Passo de Eira, Foscagno, Gavia y Tonale, cumbre en la que se decidirá el triunfo. Territorio de hombres como Basso y Sastre. Hasta el perfil de la última crono, que cerrará el Giro en Verona con 15 kilómetros de recorrido, cuenta con el Torricelle, cota puntuable para el gran premio de montaña. Trabajos hercúleos para Arroyo.

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