Valladolid y Getafe nunca han mostrado especial rivalidad. Hasta hoy a las seis de la tarde (evento retransmitido por los canales de pago por visión). Y no tendrá nada que ver con el centrocampista azulino Pedro León (ex futbolista del Valladolid, cuya afición le guarda bastante rencor), sino con los dos banquillos que, esta vez sí, son los de los acusados. A un lado, en destinado al entrenador local, un viejo zorro: Javier Clemente. «Mi relación con Míchel es nefasta e inexistente», avanza al inicio de la rueda de prensa. Al otro, el madrileño, más taimado. «Clemente es un buen entrenador. No hay más que fijarse en su currículo. Tiene dos Ligas y ha sido seleccionador, algo que no he logrado yo. Lógicamente hay que mirar a ese tipo de entrenadores. Profesionalmente, es lo que pienso de él», dijo recalcando con una inflexión en su discurso la palabra «profesionalmente». Y es que en lo personal, existe una fecha clave. El 18 de enero de 1992. España-Irlanda, clasificatorio para el Mundial de Estados Unidos. Javier Clemente, seleccionador español. Hasta ese día, Butragueño y Míchel, habituales en las convocatorias. Pero la situación se enzarza hasta el culebrón. Antes de la fatídica fecha, Clemente alcanzó el timón de una selección desquiciada tras su último tropiezo en un mundial, con Luis Suárez como chivo expiatorio y con Míchel gritando «¡Me lo merezco!», tras marcar tres goles a Corea. Los inquisidores subrayaban también los nombres de Martín Vázquez y Sanchís, además de los del director de relaciones institucionales del Real Madrid y el actual entrenador del Getafe. Es decir, la Quinta del Buitre. El técnico vasco asumió el papel de renovador. Míchel, y el madridismo, se lo cobraron. «Un día decidí prescindir de Michel y Butragueño y desde entonces comenzó el trato desagradable. Pero cuando llevaba a Michel a la selección vi que no daba más de sí. Era un jugador muy cómodo que solo jugaba en casa. Cuando había que rascar fuera se escondía porque era muy medroso», argumentó el vasco. Diecisiete años sin coincidir en un estadio y de golpes bajos enviados desde la distancia (de eso acusa Clemente a Míchel: «Hace cinco años escribió un artículo sobre mí en el que me insultó y yo soy una persona muy sensible. Siempre a mis internacionales les he agradecido su esfuerzo a mi llamada, pero se hizo comentarista, que yo también, pero yo no insulto a nadie») dan para enquistar una enemistad hasta el límite. Mientras, el madrileño, a su manera. «A pesar de que la edad puede ser un hándicap, Clemente aún mantiene mucha ilusión», ironiza. Además de los efectos en la clasificación, el resultado de hoy tendrá el regusto de la venganza.