Se aguardaba con expectación la rueda de prensa de Mourinho porque se intuía que iba a subir un peldaño más en la escala de la provocación. No defraudó. Decidió provocar aludiendo a la «obsesión» que tiene el Barça con su eterno rival, lo que los seguidores merengues denominan «madriditis». Viene a cuento, pues al ganador de la eliminatoria le espera el Santiago Bernabéu.
«Para nosotros, llegar a la final es un sueño, porque hace más de cuarenta años que no lo conseguimos. Pero el Barça ya cumplió su sueño en Roma y para ellos esto se ha convertido en una obsesión, que se llama Madrid y Santiago Bernabéu», apuntó Mourinho. El Inter jugó y ganó sus dos primeras finales (1964 y 1965), y perdió después las de 1967 y 1972. El Barça logró su tercera Champions la pasada temporada en la ciudad italiana. «Un sueño es más puro que una obsesión, un sueño tiene que ver con el orgullo. Mis jugadores van a estar muy orgullosos de jugar la final, no importa dónde», diferenció.
«Cuando digo que es una obsesión sé de lo que hablo», insistió. Y recordó entonces la final de Copa de 1997, que enfrentó al Barça contra el Betis en el Bernabéu. En aquella época trabajaba para Robson. Los culés se impusieron por 3-2. «Acudí a la final de Copa que jugamos en el Bernabéu frente al Betis. Lo vi. Lo vi como traductor [ironizó], pero lo vi. Entonces entendí todo lo que significaba ese partido. Parecía que habíamos ganado la Copa del Mundo. Estar con la bandera catalana en el Bernabéu fue un disfrute increíble. Es una obsesión, el antimadridismo no es un sueño, es una obsesión... Por eso hablo de obsesión. Eso lo vi en una final de Copa, imagínate cómo será en una Champions». «Y no quiero que se tome esto como una crítica», dejó caer al final. Lo de Mourinho es tirar la piedra y esconder (un poco) la mano.
Figo estará en el banquillo
Aquella final de Copa mentada por Mourinho la sentenció Figo, autor de dos tantos, uno de ellos el que evitó los penaltis cuando quedaban cinco minutos de prórroga. Hoy, Figo irá con el Inter (Mourinho lo sentó en el banquillo en la ida, para crear tensión, y ayer confirmó que hoy lo volverá a hacer). En el once azulgrana de aquella noche jugó, y dio el pase de un gol, Guardiola, que no está pendiente de Mourinho ni del Inter, ni de batallas pasadas u obsesiones históricas. No se quiere distraer con el rival, y desea que su actitud de aislamiento de las mourinhadas la imiten sus futbolistas. El entrenador del Barcelona aseguró ayer que solo importan su equipo y sus jugadores de cara al duelo ante el Inter en busca de la final de la Liga de Campeones. «Con todos los respetos, no importa el Inter, no importa el entrenador ni sus jugadores. Importamos nosotros», dijo.
«Mañana [por hoy] no importa el contrario, importa que acabemos de jugar y nos digamos: '¿Hemos sido nosotros? ¿Sí? Con esto basta», insistió Guardiola, que buscó aliviar la presión sobre su equipo, derrotado 3-1 en la ida en Milán. «Esto es un partido de fútbol, nosotros no le decimos a la gente lo que debe hacer. No sé si lo remontaremos. Tenemos una desventaja de 3-1 y trataremos de olvidar eso».
Guardiola intentó moderar el efecto de las declaraciones del defensa Gerard Piqué, que llamó al público a lograr que los jugadores del Inter «odien» el haber elegido la profesión de futbolista.
«Piqué lo dijo en el buen sentido», argumentó Guardiola antes de extenderse. «Los jugadores del Inter no odiarán esta profesión. Odiar no se puede odiar. Sé que Gerard pone la frase y el titular. Queremos poner mucho ritmo al partido, remontarlo y que a ellos les cueste, ese es el sentido de la frase», precisó el técnico culé.