Un deporte de riesgo

José M. Fernández

DEPORTES

El fútbol como coartada. Para los vándalos y para los encargados de velar por la tranquilidad. No es la primera vez que esta temporada que un grupo de radicales (benévolamente, calificados de gamberros) interrumpen los prolegómenos de una plácida tarde de fútbol en la zona de Riazor. El domingo, un grupo de encapuchados destrozó el mobiliario de un bar sin a que estas alturas nadie haya ofrecido una explicación razonable del origen del suceso. Ni detenidos ni sospechosos, pese a que, por su forma de proceder, los responsables actuaron perfectamente organizados, con palos, bengalas y porras desplegables, y sin símbolos distintivos de un equipo. Un ataque planificado del que todavía se desconoce casi todo. Solo una leve alusión a una cita en Internet o a través de teléfonos móviles, o a una desconocida pelea anterior como excusa.

El fútbol no puede convertirse en una afición de riesgo. El domingo le tocó a un negocio hostelero cuyo seguro no cubre los destrozos originados por actos de vandalismo. En Riazor, cada partido moviliza de 40 a 50 integrantes de las fuerzas de seguridad, una cantidad que se incrementa en los partidos de alto riesgo. Un gasto excesivo para el contribuyente y, por lo visto, escaso para garantizar una plácida tarde de fútbol.