Doce horas en el laboratorio de Abegondo

P. Barreiros / R. Ventureira

DEPORTES

Ribera y Domínguez relatan cómo es una jornada en el vestuario del Dépor

31 mar 2010 . Actualizado a las 02:57 h.

La factoría deportivista echa humo. Cuando el vestuario se vacía, la luz sigue encendida en el despacho de José Luis Ribera y Eduardo Domínguez. Y eso que se había encendido mucho antes. Los ayudantes de Lotina llegan a Abegondo a las nueve de la mañana y a menudo se marchan doce horas después. El entrenamiento se convierte en una actividad más (quizá la central y de la que fluyen todas las demás, pero menor en el tiempo que otras) de una jornada en su mayor parte invisible de cara a la opinión pública, pero que se revela vital en la buena marcha del equipo.

Los futbolistas están citados entre las diez y las diez y media, pero la actividad ha comenzado a las nueve en punto. Ribera y Domínguez llegan a Abegondo una hora y media antes del entrenamiento. Es la hora de la reunión previa al trabajo, en la que también participan los fisioterapeutas, los médicos y Sambade, el preparador de porteros, para conocer la situación de la plantilla. Es decir, de cuántos jugadores van a disponer en la sesión y asignar los grupos de trabajo.

A las nueve y media llega Lotina y comienza la preparación en sí del entrenamiento. Con el objetivo técnico-táctico de la sesión en el horizonte marcan la distribución de los tiempos de cada ejercicio. Ribera se encarga de diseñarlos: «Hay muchas variables a tener en cuenta. Por ejemplo, la carga de trabajo a exigir, qué jugadores se van antes de tiempo porque ya les es suficiente, o quién tiene que hacer un poco más». El vestuario ya se ha llenado y es hora de saltar al campo con los futbolistas.

Al cabo de hora y media todos regresan y comienza una nueva fase, quizá la más larga, de la labor del cuerpo técnico. Comienza la recogida de datos. Cada jugador rellena un formulario con su propia percepción del entrenamiento y puntúa el trabajo de uno a diez. «El 10 significaría un esfuerzo máximo y 0 es un esfuerzo de recuperación, moderado, fácil, suave, muy sencillo. Los esfuerzos extremos suelen ser las situaciones de partido. Por lo general hay entrenamientos de 2 a 7 puntos», explica Domínguez. Evaluaciones a las que los propios técnicos añaden una descripción de la sesión, así como los datos que aportan los pulsómetros, que cada futbolista llevó abrochado a su pecho para medir su frecuencia cardíaca.

Un diario del entrenamiento

El resultado es una especie de diario elaborado por jugadores y preparadores. Apostilla Domínguez: «Estos datos no hacen que ganes partidos, pero tienes que tener un control de las semanas que hay más carga o menos carga y lo puedes comparar con el año pasado. Así vemos si le hemos dedicado mucho tiempo a un aspecto y poco a otro. Y después como tenemos el planning de toda la temporada siempre delante, te ayuda a anticiparte a momentos de descanso o de más volumen de competición».

A las dos Ribera y Domínguez, habitualmente acompañados por Juan José Vila, el analista del cuerpo técnico, y los utilleros Javier Rego y Jesús Méndez comen en un restaurante cercano. Por la tarde su jornada de trabajo continúa, aunque su contenido varía. «Lo principal sería pasar a limpio las anotaciones de la mañana, pero esto varía si, por ejemplo, acude algún jugador o hay doble sesión», añade el preparador físico, quien destaca la gran sintonía de todos los integrantes del cuerpo técnico. «Es muy importante la buena relación y también las circunstancias personales, porque Ribera y yo estamos solos en A Coruña, pero el míster prefiere irse a su casa, y Sambade tiene familia y muchas veces trabaja también desde casa», afirma.