La marea roja que nunca cesa

DEPORTES

26 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«No soy muy buen católico», le dijo Enzo Ferrari a Juan Pablo II a finales de los ochenta. Quizás porque el padre de la escudería se sabía el profeta de la segunda religión de Italia. La de los ferraristas. La marea roja . El equipo que para sus fans está por encima de cualquier piloto. La única escudería que ha estado en todos los campeonatos de F-1. Esa sucesión de olas a cuya última cresta se ha subido Fernando Alonso. En Módena hay una especie de columna trajana. Pero fue inaugurada a finales del pasado siglo. El primer relieve representa un coche de carreras antiguo. El último, las alas de la victoria. En Módena, en 1898, nació don Enzo, apodado Il commendatore por su carácter autoritario y paternalista. Enzo Ferrari, un hombre complejo y de vida atormentada, hizo sus pinitos como piloto y corrió con Alfa Romeo. Él mismo se definió como «un competidor mediocre». Sus éxitos llegaron con otros al volante. Fundó su empresa en 1929. Su obsesión era superar a la firma con la que había trabajado, Alfa Romeo. En 1943 se trasladó a Maranello. Debutó en el Mundial en Mónaco en 1950. El argentino José Froilán González abrió la senda del triunfo. Ganó en Silverstone en 1951. Poco a poco llegaron quince títulos de pilotos y dieciséis de constructores. Ganadores como Ascari, Fangio, Hawhorn, Hill, Surtees, Lauda, Scheckter, Schumacher y Raikkonen. E ídolos sin roja corona como Alesi, Berger y Mansell. En Ferrari todo tiene su historia. Hasta el cavallino rampante . El emblema se paseaba por los cielos en el avión militar de Francisco Baracca, amigo de Enzo Ferrari, hasta que fue avatido en la Primera Guerra Mundial. Entonces, el caballo saltó de las alturas a los coches. Y el rojo tampoco es casualidad. Era el color que identificaba a Italia en el automovilismo. Pero en su trayecto Ferrari se topó con muchos baches. Fiat llegó al rescate económico de la marca en 1969 y compró el 50%. El equipo sufrió una sequía de 21 años antes de la cosecha de Schumacher. Y en su pasado figuran las muertes de varios pilotos: Musso, Collins, Von Trips, Bandani y Gilles Villeneuve. Un largo camino, triunfante y tortuoso al mismo tiempo, como el de la propia vida de Enzo Ferrari, que murió en 1988. El profeta pagano. El hombre que agitó la marea roja.