Comportamiento a desterrar

DEPORTES

Sabido es que en los partidos puede darse cualquiera de los tres resultados. También que la grandeza del fútbol permite que, por mucha diferencia de calidad que se reconozca entre los equipos siempre es posible que salte la sorpresa y termine derrotado aquel que todos (incluidos una gran parte de los seguidores del otro conjunto) aceptaban de antemano como vencedor. El anuncio de algún partido lleva a miles de aficionados al campo, atraídos por ver jugar a futbolistas de primer nivel, a esos que vemos cada jornada por la tele, pero no basta. Hay que verlos en directo, sobre todo en el campo de tu propio equipo, en un partido que supones vas a perder, pero «quién sabe». Y en ese encuentro, disputado bajo un clima de gran pasión que va a más desde el saque inicial, con la afición local dominada por ese miedo angustioso que a uno siempre le ocasiona temer que su equipo terminará perdiendo. Esta situación origina un ambiente hostil, con gritos e insultos desde el graderío a esa figura en cada ocasión en la que recibe el balón e intenta jugarlo.

En el fútbol, el crac ejerce un alto poder de atracción sobre los aficionados. Cuando ese equipo con figuras juega fuera de casa se llena el otro campo y sucede que, tan pronto empieza a rodar el balón y ese crac disputa la pelota, surgen las primeras protestas contra el árbitro, porque los que gritan creen que le permite a la figura lo que sanciona al jugador de casa, no siendo esto verdad. Y si al cuarto de hora de juego expulsa a esa figura a la que acudieron a ver, la alegría será palpable en todo el recinto. Este es un comportamiento que todos conocemos en el mundo del fútbol y que habría que desterrar.