Una máquina perfecta. La gran final quedó reducida a cenizas en apenas un cuarto de hora. En ese tiempo, quince minutos, la defensa del Barcelona torturó hasta el límite de lo imposible a un Real Madrid ofuscado e incapaz de encontrar una sola vía de ataque a la canastas rival. La final soñada no existió porque el equipo catalán jugó 40 minutos como si le fuera la vida en ello. Del potencial del actual Barça da una idea el que Trías, MVP de la edición del 2007, es el duodécimo jugador, el único que ayer tuvo una presencia testimonial. El resto, los once, ya habían tenido la oportunidad de apretarle las tuercas al Madrid antes del final del primer cuarto, de reducir a la nada la resistencia de un equipo intimidado por el precedente de Vistalegre (ganó el Barça por 22 puntos).
Algo más que músculo
Pero el Barcelona que solo ha perdido tres de los cuarenta partidos que ha disputado esta temporada no es solo músculo, fuerza física. La máquina perfecta tiene alma y responde al nombre de Ricky Rubio. Otras veces le toca a Navarro, pero la capacidad del base catalán para apropiarse del juego parece ilimitada. A su lado crecen todos; especialmente un Fran Vázquez que se ha beneficiado más que nadie de la intuición y visión de juego de Ricky.
Un proyecto sólido
El proyecto funciona. La sección de baloncesto del Barcelona sabe lo que quiere. Ningún otro club en España ha sido capaz de mantener a lo largo de toda la temporada la misma plantilla, ni un solo cambio en mitad de la campaña desde que Creus se ha hecho cargo de la dirección técnica.
Poca rentabilidad
Enfrente, el Real Madrid del refutado Ettore Messina. Probablemente, el técnico italiano conseguirá que finalmente el asunto funcione, pero hasta ahora se le puede pasar factura por no sacar rentabilidad a un potencial del que Joan Plaza nunca dispuso. Y por acumular ya tres derrotas (dos de ellas muy duras) frente a un Barcelona que le lleva unos cuantos cuerpos de ventaja.