Casi antes de empezar ya ganaba el Deportivo. Al minuto y medio, un gol. Rebasados los cinco, el segundo. El primero, de penalti, y el segundo tras un fallo de un defensa que levantó la barrera para que Riki llegase a la portería, y el 2-0. El partido había empezado como nunca y Riazor creía poder celebrar una goleada favorable a un Deportivo que la necesitaba para ofrecer un partido completo y, así, borrar actuaciones anteriores que provocaron críticas de sus seguidores. Incluso por parte de Lotina que ayer, a lo largo del segundo tiempo, mostró un visible disgusto por lo que veía en el campo. Sorprendió el gol del conocido Bermejo, pero el 2-1 no llevó el nerviosismo a los graderíos.
Sería en el segundo tiempo cuando el Xerez fue a más, imponiéndose en el rectángulo a la vez que dejaba al descubierto esas carencias de equipo colista. Impuso una amenaza casi continuada, pero sin pasar de ahí. En los graderíos se pudo respirar con tranquilidad cuando el árbitro hizo sonar el pitido final. Fue un partido para olvidar.