Páginas tristes en Riazor

DEPORTES

Resulta obligado manifestar hoy la tristeza que respira el deportivismo dolido por la lesión de Luis Filipe, uno de los más destacados entre ese grupo de futbolistas que, bajo el mando de Lotina, vienen portando con gallardía el estandarte del Deportivo que aparece en uno de los mejores puestos de la tabla. La alegría que producen las victorias en algunas ocasiones (afortunadamente de tarde en muy tarde) se apagan por percances inesperados que entristecen duramente al seguidor hasta el punto de que este puede salir del campo diciendo: "Prefería perder, y que no ocurriera esto", refiriéndose a la lesión del brasileño quien ya estará en el verano con el grupo para iniciar la próxima temporada. Del percance informó ampliamente este periódico, con algunas fotografías que reflejaban el dramático momento en el que el futbolista caído se percata de lo que acaba de sucederle.

Rubén Ventureira decía ayer que lo de Luis Filipe recuerda la lesión de Manuel Pablo, en vísperas del Mundial-2002. Los más viejos remontamos la memoria más atrás, a lo ocurrido a: Waldo Botana, el 26 de noviembre de 1950, frente al Sevilla (0-3) en un choque con el extremo Campos sufrió fractura de tibia y peroné. Igual le sucedió al defensa Bellón, el 21 de abril de 1963, también en Riazor, justo disputándose un Deportivo-Betis (2-1) último partido de Liga de Primera División. Vimos más, como la de Chapela II, en un choque con Mendieta, entonces portero del Rayo Vallecano. Son algunas páginas tristes que también ofrece el fútbol.