La antítesis de la generación nini

M. C. Reigosa

DEPORTES

Por edad podría estar en la corriente de jóvenes que ni estudian ni trabajan. No es el caso. El base andaluz combina baloncesto y universidad con buena nota

20 ene 2010 . Actualizado a las 03:31 h.

Juan Alberto Aguilar (Sevilla, 6-1-1988) acaba de cumplir los 22 años y ya sabe lo que es anotar canastas de alto nivel en la ACB y también lo que es superar tres cursos de Derecho y Administración de Empresas como el que cose, incluso presumiendo de expediente.

El base andaluz, que pertenece a la disciplina del Cajasol, tiene claro el orden de prioridades. Ahora mismo, su pasión es su profesión. Desde que empezó a botar el balón, a los diez años, siempre quiso llegar a la ACB y el Obradoiro le ha brindado una oportunidad de oro. No dudó en aceptar el reto.

Pero Juan Alberto Aguilar es consciente de que no conviene jugarse todas las expectativas a una sola carta, la del deporte. Y, como los libros no se le dan nada mal, se va abriendo camino por la senda universitaria.

Vínculo con Sevilla

Sigue matriculado en Sevilla y esta es la primera vez que estudia a cientos de kilómetros de distancia, un cambio menos traumático de lo que pudiera parecer a primera vista: «Cuando estaba en casa tampoco iba mucho a clase, porque ya entrenaba con el primer equipo del Cajasol», dice el base obradoirista.

El deporte profesional tiene sus exigencias, pero también deja margen suficiente para el desempeño de otras actividades. Ahora casi todo el tiempo libre es para los libros, porque los exámenes de febrero están a la vuelta de la esquina. Pero hasta poco antes de Navidades compartía buena parte del ocio con sus compañeros de equipo. Lo lleva bien, aunque alguno de sus socios, caso del Tuki Bulfoni, le llama cariñosamente «amargo», por aquello de que no levanta los codos de la mesa, de que apenas despresuriza. Eso cambiará después de los exámenes.

Aguilar no se enfada por ese apelativo. Antes al contrario, lo interpreta como una muestra más de la buena química que se ha instalado en el vestuario santiagués desde el primer día. El base da fe de ello: «Es algo que se nota y que nos ayuda a tirar para arriba en los momentos malos. En pocos sitios se puede ver que, después de los partidos, la mayoría de los jugadores y sus parejas quedan para comer juntos». También llama la atención sobre otro detalle con una importancia capital en la trayectoria del equipo, la afición: «Hay un feeling especial, nos ayuda en cada partido y se lo agradecemos».

Cuando aceptó la propuesta del Obradoiro sabía que empezaba un camino siempre escarpado y más todavía para los jóvenes que luchan por abrirse paso. El momento más complicado, hasta la fecha, le llegó cuando Curro Segura optó por Alfonso Sánchez como alternativa a Stanic en los minutos de descanso del base argentino. Aguilar supo encajar el golpe: «Hay que ser mentalmente fuertes. Me marco objetivos a corto plazo, pero también con una visión global. Hay que estar preparado para cuando llegan las oportunidades».

Momento dulce

Frente al Bilbao y, sobre todo ante el Joventut, pudo resarcirse. Este partido le dejó una de las estampas más emotivas desde que llegó a Santiago. En un duelo redondo, anotó sobre la bocina, en posición forzada, un triple desde unos ocho metros. La contienda estaba ya decidida. Era el colofón dulce a una jornada perfecta, y todos los compañeros lo buscaron para celebrar esa canasta.

Con la llegada de Adrián la competencia crece en el puesto de base. También la asume como algo natural en el deporte profesional, y sigue ejercitándose con las mismas ganas.

Tiene claro que quiere ser un gran base y, por los nombres que da como referentes, sobran palabras para conocer el perfil que más le atrae: «John Stockton, Steve Nash, Pablo Prigioni... Son jugadores con los que me identifico. Hacen mejores a sus compañeros».

Pero antes de dar esos nombres, el primero que pone sobre el tapete es el de Maxi Stanic: «Para mí, compartir equipo con él es un lujo, por lo que te cuenta, por cómo lee el baloncesto, cómo dirige, aunque lo sufra en los entrenamientos, por los balones que me roba».

Así va el día a día de Juan Alberto Aguilar, aprendiendo con el balón y con los libros, creciendo en los dos frentes.