Las siete vidas de Rafa Nadal

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Andy Murray se pide para el futuro una crisis como la de los últimos meses de Rafa Nadal, Roger Federer anuncia la mejor versión del español, y el mundo del tenis disfruta ya de su nueva reinvención. Como si tuviera siete vidas, desde que empezó a acumular éxitos en el 2004, se ha ido recuperando de pequeñas y grandes crisis. De situaciones al límite que anunciaban su ocaso prematuro. Su triunfo en la exhibición de Abu Dabi, el título que se le escurrió entre las manos después de una semana brillante en Doha y sus propias palabras anuncian su reconciliación con el tenis.

«Creo que estoy en una buena línea. He empezado el año muy bien y ahora hay que intentar jugar bien aquí el lunes, cuando empieza lo importante», reconoció el mallorquín tras su entrenamiento de ayer en Melbourne. Aunque evita el cartel de rival a batir: «No soy el favorito. En pista dura hay un montón de buenos jugadores. Incluso siendo el número dos del mundo, no soy el máximo favorito, aunque sí uno de ellos».

El físico provocó ya la primera gran crisis de Nadal. Sucedió a finales del 2005, después de una temporada triunfal, su primer título en Roland Garros y otras diez victorias en el circuito. Aupado al número dos del mundo, su cuerpo dijo basta. Se resquebrajó por los pies, llenos de ampollas y con molestias en el ligamento peroneo astragalino. Vio su futuro amenazado por las lesiones. Durante cuatro meses, paró de competir. La primera renuncia llegó a pie de pista en el torneo de maestros, que entonces se jugaba en Shanghái. «Habrá que sacrificar algún torneo y elegir los que me permitan ser mejor jugador. Se trata de hacer una inversión de futuro. Quiero jugar con más tranquilidad y sin tanto desgaste físico», explicó entonces en China, en un discurso casi calcado al que esgrimió el pasado verano cuando se perdió Wimbledon. Está por ver que pueda aligerar su calendario.

Aquel 2005, tras la renuncia del Masters, se perdió también el Open de Australia. Consultó a especialistas en media Europa, viajó a Portland para que le fabricasen zapatillas y plantillas especiales para su pie izquierdo, y cambió sus apoyos. Tras atormentadas reflexiones sobre un prematuro final de su carrera, agrandó su figura con una temporada 2006 fabulosa: título en Roland Garros, récord histórico de victorias seguidas en tierra, final en Wimbledon...

No fue la última reinvención de Nadal. Incapaz de aligerar sus compromisos y el calendario que obliga a los mejores a competir un mínimo de 20 semanas al año, sufre diversos problemas, tal como reveló en el 2007 su tío y entrenador, Toni Nadal. «El problema de Rafa es grave... muy grave. Además, tiene que aprender a convivir con él y tomar las máximas precauciones», indicó al tiempo que no le garantizaba una larga carrera.

El año pasado, sin rodaje

Ya el año pasado llegó a Melbourne entre dudas. Después de París-Bercy, tuvo que parar. No jugó el Masters, se perdió la final de la Copa Davis de Mar del Plata y apenas hizo pretemporada. Tras dos meses parado, encaró el Open de Australia con apenas cinco encuentros de rodaje, incluidas las derrotas contra Murray y Monfils. Las semifinales contra Verdasco y la final contra Federer, en partidos épicos de cinco sets, forman parte de la historia del tenis.

De Australia salió como un ciclón: ganó Indian Wells, Barcelona, Roma, Montecarlo y se volvió a lesionar. Las tendinitis en sus rodillas lo mermaron en Roland Garros, lo apartaron de Wimbledon y ahí arrancaron las dudas que lo tienen todavía sin títulos desde mayo, cuando ganó su último torneo.