Lopo dispuso de las dos ocasiones más claras con que contaron los blanquiazules, pero esta vez no acertó
04 ene 2010 . Actualizado a las 11:46 h.Tras un primer tiempo nefasto, Deportivo y Zaragoza libraron un partido de ida y vuelta que acabó en justo empate. Suman así los blanquiazules un punto de partida, pues arrancaba el año, pero preocupa que acumulen ya cuatro encuentros sin ganar.
El Zaragoza empezó intenso, como la lluvia que caía de inicio. Con su claro 4-3-3, presionaba la salida de balón del rival hasta con los seis jugadores más adelantados, y las recuperaciones le permitían acariciar, solo eso, el área deportivista. Lafita, al que por estos lares maños apodan el Lince, se situó en la banda izquierda, buscando las cosquillas a Manuel Pablo, que tiene muy pocas. El ex deportivista pedía la pelota en cada acción atacando, pero rara vez le llegaba en condiciones. Lo evitaba un Deportivo que se defendía con orden y sin agobios, con Juan Domínguez (la sorpresa del once) unos pasos más adelantado que Antonio Tomás, que actuaba a modo de líbero por delante de la zaga de cuatro y asumía la salida del balón.
El Zaragoza se fue diluyendo en el nerviosismo. Aunque los coruñeses leyeron el miedo en el ojo ajeno, les costaba estirarse, pero siempre les quedará el balón parado para crear peligro. Y, así, en una acción ensayada hasta la saciedad en Abegondo esta semana, Guardado botó un libre indirecto al área y la pelota (eso no estaba previsto en el guión) acabó cayendo a los pies de Lopo, a quien ayer le faltó el acierto propio de los delanteros centro oportunistas, pues con todo a favor la facturó a la grada (min 25). Fue la única ocasión de toda la primera mitad.
A esas alturas, el partido era ya un barullo con cierto aire de partido colegial, pero de colegio argentino: Valerón estuvo incluso al borde de la cuarta lesión grave de su carrera. Con Diogo, Goni y Abel Aguilar en el papel de chicos duros del patio, el Zaragoza intentaba amedrentar por la vía de la violencia al Dépor, que aún así conservaba la pelota más segundos (tampoco muchos más) que el rival, pero que era incapaz de merodear el área, una zona que el rival, cierto es, ni oteaba.
Tras una primera mitad que fue un monumento a un fruto típico de este tiempo, la castaña, el Dépor fue a por el partido. Tras un «uy» provocado por Guardado, llegó un centro de Juan Rodríguez que cayó allá donde estaban los centrales blanquiazules, que habían subido a rematar un córner previo: Colotto peinó para Lopo, al que le cayó el balón muy atrás y que, solo, remató en escorzo a las manos de Carrizo (min 50).
El Zaragoza reaccionó empujado a chillidos por su afición y por la inspiración de Ponzio, el más intenso de los maños. Probó primero con un disparo desviado y después ideó una jugada que acabó, de rebote, en los pies de Lafita, que solo en el área la envió fuera (min 55). También Pennant falló en la definición (min 58), pues en vez de disparar mandó la pelota a paseo por el área chica.