Por mucho que ponga de mi parte, los amistosos no me despiertan interés. Ni siquiera este España-Argentina, partido que tuvo una edición el 7 de diciembre de 1952, cuando la selección argentina bien podía ser calificada como un equipo de galácticos. Entonces movilizó a miles de aficionados españoles que abarrotaron el Bernabéu. Las entradas de pie alcanzaron, en la reventa, unos precios astronómicos para aquellos tiempos: una localidad cuyo precio en taquilla era de 10 pesetas se vendía por 250 y más, según el punto de reventa.
La Federación Gallega de Fútbol habilitó un despacho provisional en la madrileña calle de San Jerónimo y, allí, el secretario Ramón de Llano, además de proveerme del pase como enviado de La Voz de Galicia, me entregó cuatro entradas de pie, al tiempo que me dijo: «Toma estas entradas porque seguro que encontrarás algunos coruñeses que no tienen localidad, y te lo agradecerán». Así fue, y verdad también que aquellas entradas me valieron sendas invitaciones para una cena y una comida, al día siguiente.
En aquel ya muy lejano partido ganó Argentina por 1-0, pero no parece probable que hoy la albiceleste supere a la roja. Aunque nunca se sabe.