El Vigo Stick peleaba por el ascenso a la OK Liga, pero su naufragio económico hacía peligrar el proyecto. Lo común, desgraciadamente, entre los modestos. Jugadores que no cobran y patrocinadores que se esfuman en cuanto el ladrillo decae. Con el Mundial en la ciudad olívica a la vista, el ansiado padrino aparece. Míchel Salgado, entonces jugador del Real Madrid, se presenta el pasado 2 de febrero en un acto por todo lo alto. «Quiero coger experiencia como directivo, es algo que me planteo para cuando abandone el fútbol en activo. Vengo para apostar por un proyecto para la élite», destacaba el futbolista en su presentación como nuevo presidente del club. Luego, una fugaz reunión con los jugadores entre bastidores del hotel. «Sé que han aguantado y ahora toca devolverles la moneda», contestaba Salgado a los problemas de cobro.
El equipo se queda a un punto del ascenso. Las nóminas se siguen retrasando. En el club piden paciencia y confían en el Mundial de julio. Pero la cita no supuso el negocio que algunos aguardaban. «La publicidad a través de la televisión fue un fracaso», admitiría después Enrique Urdiales, vicepresidente de la entidad.
Las promesas se acumulan con la misma celeridad que las realidades se ausentan. En verano, Pablo Cancela y Marc Coy, dos de los puntales del equipo, se van. El primero al Cerceda, el segundo al Tenerife. El club apuesta por reforzarse con tres fichajes, Josama Alén, el argentino Marcelo Uribe y el internacional chileno Nicolás Fernández.
Los apoyos económicos de los que hablaba Míchel no llegan. La marea de patrocinadores se queda en solo uno. Y el castillo de naipes comienza a derrumbarse solo una semana después de comenzar la Liga. El guardameta Pere Antón pide la cuenta. «Ya no puedo más, prefiero irme a mi casa y empezar de cero que seguir aguantando esto. No quiero hablar de dinero, es algo personal, pero tengo claro que hasta aquí hemos llegado», reconocía a La Voz.
«Tapan una mentira con otra»
El efecto dominó toma velocidad endiablada. Nico Fernández y Marcelo Uribe le siguen la pista. El argentino se despacha en este diario. «Me siento engañado, no he tenido ni el más mínimo contacto con Míchel Salgado ni con sus allegados. Será el supuesto presidente, pero ni ha aparecido ni ha cumplido sus promesas. Hay cinco jugadores a los que se les debe su dinero del año pasado. La situación es insostenible. Una reunión, luego otra, después otra. Realmente nos pasamos más tiempo reunidos que entrenando. Tapan una mentira con otra», alegaba el jugador.
El siguiente en abandonar será Josama Alén. De este modo, los tres fichajes que el Vigo Stick realizó en verano se han despedido en apenas un mes y medio. Mauri Cairo, uno de los más veteranos, también prevé hacer las maletas dentro de unas semanas.
Solo tres jugadores resisten
El club se ha quedado con solo tres jugadores sénior: Tomba, Micha y Cristian. El resto, de la cantera. El Vigo es último y no ha puntuado. Del presidente, ahora en el Blackburn, no han vuelto a saber nada. «La sensación que podía dar a los jugadores y a otros estamentos es que venía Míchel y aquí estaba todo solucionado. Está claro que no ha sido así», admite Urdiales. Han pasado nueve meses desde aquella presentación. Y todo lo que queda es una foto y una nave a la deriva.