Alonso vuelve a la zona noble


Hay tumbas en las que crece la hierba. Sucedió ayer con Renault en Singapur. La escudería francesa regresó a la escena del crimen, el lugar en el que resultó herida de muerte. Y de allí emergió, casi de la nada, un podio para Fernando Alonso. Después de capear la mayor de las tormentas. Después del destierro de Flavio Briatore y de Pat Symonds. Después de comenzar a sufrir la hemorragia publicitaria abierta por la oficiosa marcha de su piloto estrella. Después de todo eso, el equipo firmó la mayor hazaña de la temporada. Un síntoma de los alocados tiempos que corren en la fórmula 1.

Lewis Hamilton, otro ilustre con ansias de resurrección, firmó su segundo triunfo de este Mundial. Una victoria sin titubeos. Fraguada desde la pole position . Como en aquellos recientes días de gloria de McLaren que, sin embargo, parecen tan lejanos. Timo Glock (Toyota), el segundo clasificado, celebró su resultado como si fuera un triunfo. Glock pescó en río revuelto para igualar el mejor resultado de su trayectoria.

El líder amplía su ventaja

Jenson Button también festejó la quinta plaza, un puesto descafeinado para los Brawn, pero que, a falta del alternativas, afianza al británico al frente de la clasificación del Mundial. Rubens Barrichello, su principal rival, finalizó sexto. Y Red Bull, la única escudería que llegó a mantener un pulso con Brawn en este campeonato, padeció ayer ese mal de nervios y frenos tan propio del circuito de Singapur.

Ya desde la salida, Alonso dio señales de que esperaba prender la mecha en las humeantes cenizas de Renault. Desde la quinta posición atacó a Mark Webber. Fue un adelantamiento yoyó. Porque después de la primera vuelta había sido relegado a la sexta plaza por Webber y Glock. Las limitaciones del R29 devolvían al bicampeón del mundo a una realidad alejada de los puestos de honor.

Webber fue sancionado por los comisarios por haber superado a Alonso ilegalmente. Tuvo que dejarse adelantar por el asturiano, una maniobra que le obligó a ceder su posición también ante Glock, que se había colado entre ambos. Más tarde el australiano puso la guinda a la cadena de despropósitos con un trompo.

Este primer baile no erosionó la paciencia y el pilotaje de Alonso. El español exprimió esas armas a la espera del error ajeno en un circuito extremadamente exigente para el físico de los pilotos. El coche de seguridad (otra vez) salió en dos ocasiones al trazado de Singapur. Pero los fallos llegaron con las visitas a los boxes. Primero Nico Rosberg fue castigado con un drive through . En la vuelta 20, superó de forma irregular la línea de salida del pit lane . Uno menos en la lucha por el podio.

Error de Vettel

En otro carrusel de paradas, el que se descolgó de la carrera y del Mundial fue Vettel. El piloto alemán había llegado a amenazar la hegemonía de Hamilton mordiendo los tiempos del británico. Pero se precipitó. Cuando fue a repostar combustible superó el límite de velocidad establecido. Otro drive through . Una amenaza menos para Hamilton y un puesto más que avanzaba Alonso. El asturiano, a lomos de su propia tenacidad, se subía al podio de forma virtual para no bajarse ya. Mientras, la carrera agonizaba con una dosis de dramatismo extra, la que aportaba el desgaste de los frenos de los monoplazas, torturados por el trazado de Singapur.

El podio de ayer, balsámico para McLaren y para Renault, tenía cierto sabor a tiempos pasados. Sin ningún Brawn GP a la vista y con dos campeones del mundo en lo más alto. Alonso no descorchaba champán desde el Gran Premio de Brasil, en el 2008. Allí consoló a Felipe Massa, que celebró el título mundial de forma prematura. Todo ha cambiado. Massa se consuela con volver. Y Alonso, con subir al cajón.

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